Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. Mateo 24:14
Espero que estas predicaciones sean de gran bendición para ti y para todos los que te rodean.
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Los Sueños de Ernie Knoll (2005-Tiempo presente)

Ultimo sueño: 25 de Mayo de 2008 - "La Cruz"

 

Ernie Knoll y su esposa Becky.

Ernie Knoll es un anciano en la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Brownsville, CA. Actualmente es la persona quién Dios eligió para llevar a los Adventistas del Séptimo Día sinceros los detalles de las últimas cosas que deben ocurrir pronto en el mundo, así como para darnos ánimos de no perder nuestra vista en Jesús. Doy gracias a Dios que soy un medio por el cual muchos hermanos más puedan saber acerca de estos sueños y obtengan confianza y firmeza en la fe al leer la serie de sueños que el hermano Ernie Knoll está teniendo.

Ya es tiempo hermanos! El momento decisivo es este. ¿Serás tú quién a pesar de la persecución te mantendrás firme en la fe de nuestro Creador y Redentor Jesucristo ? Ojalá que si. Nos vemos en el cielo !!

Página de Ernie Knoll : http://www.4hispeople.com/ y en español: http://www.4hispeople.com/spanish/dreams/dreams.html

 



 

A la mesa
por Ernie Knoll
Primavera de 2005
 

Mateo 26:29 "Les digo que no beberé de este fruto de la vid desde ahora en adelante, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre."

*Este sueño está en el futuro, después de que Jesús haya regresado a la tierra para llevar a sus hijos al hogar.

En mi sueño me encuentro reclinando[1] de lado ante una mesa muy, pero muy larga.[2] Miro al otro lado de la mesa y reconozco miembros de mi familia.[3] Conversamos y nos reímos.[4] Cuando miro hacia la derecha y la izquierda, puedo ver individuos de distintos tamaños. Algunos son muy altos.[5]

Ahora veo que el sitio donde estoy reclinado tiene mi nombre nuevo[6] grabado en símbolos de oro reluciente que describen mi carácter.[7] Mientras lo miro mi mente repite, “Eso me describe a mí; eso me describe a mí.”

Entonces miro hacia arriba y veo lo que parecen ser aves largas, iridiscentes, volando por el aire, pero no veo que tengan alas. Cantan un canto hermoso cuatro notas a la vez.

Ha pasado bastante tiempo a la mesa, pero no hay ningún sentido de urgencia. Mientras esperamos ser servidos, nos maravilla la gran variedad de alimentos.[8]

También noto que mi ángel[9] guardián está de pie detrás de mí. Es alto y lleva un manto blanco que parece niebla seca. Su parecer es muy noble y sonríe con amabilidad y ternura. Frecuentemente converso con él. Casi quiero llorar y pedir disculpas por todas las cosas que hice en la tierra, como le hice pasar por tanto al cuidarme y por todas las veces que me vio pecar.[10] Con voz suave me dice que no debo preocuparme ni mencionar nada sobre eso, porque está en el pasado.[11] Me dice que Jesús, el gran Anfitrión, hubiera hecho todo[12] lo necesario para traerme a la mesa y servirme.
 

  1. The Day Star (La Estrella matutina), 24 de enero de 1846 "Gritamos, ¡Aleluya! ¡Gloria! y entramos en la ciudad. Vi una mesa de plata pura. Aunque era muchas millas de largo, nuestros ojos podían ver su extensión… Todos nos reclinamos a la mesa." [Trad.]
  2. Lucas 22:29-30 "Por eso, yo mismo les concede un reino, así como mi Padre me lo concedió a mí, para que coman y beban a mi mesa en mi reino, y se sienten en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel."
  3. Apocalipsis 19:9 "El ángel me dijo: <<Escribe: ‘¡Dichosos los que han sido convidados a la cena de las bodas del Cordero!’>>"
  4. Isaías 35:10 "Y volverán los rescatados por el Señor, y entrarán en Sión con cantos de alegría, coronados de una alegría eterna. Los alcanzarán la alegría y el regocijo, y se alejarán la tristeza y el gemido."
  5. Génesis 6:4 "A partir de entonces hubo gigantes en la tierra."
  6. Apocalipsis 2:17 "El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias. Al que salga vencedor le daré del maná Escondido, y le daré también una piedrecita blanca en la que está escrito un nombre nuevo que sólo conoce el que lo recibe."
  7. La Conducción del niño, p. 147 "Un carácter formado conforme a la semejanza divina es el único tesoro que podemos llevar de este mundo al venidero."
  8. Primeros escritos, p. 19 "Y vi el fruto del árbol de la vida, el maná, almendras, higos, granadas, uvas, y muchas otras clases de fruta."
  9. Salmo 91:11 "Porque él ordenará que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos."
  10. 1 Juan 2:1-2 "Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero si alguna peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo. Él es el sacrificio por el perdón de nuestros pecados, y no sólo por los nuestros sino por los de todo el mundo."
  11. Hebreos 10:16-17 "Éste es el pacto que haré con ellos después de aquel tiempo –dice el Señor–: Pondré mis leyes en su corazón, y las escribiré en su mente. Después añade, –Y nunca más me acordaré de sus pecados y maldades.–"
  12. Juan 3:16 "Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él tenga vida eterna."

 

La sábana blanca
por Ernie Knoll
Primavera de 2005
 

En mi sueño estoy con algunas personas conocidas y con varios que no reconozco. Llegamos a la entrada de una cueva en una altura de la cordillera Sierra Nevada. Mientras varios hombres se quedan fuera de la entrada de la cueva mirando hacia el valle abajo, los demás entran en la cueva.

De repente hay un terremoto. La cueva no se mueve, pero se derrumba la parte de la colina que acabamos de subir para llegar a la entrada de la cueva. Miramos hacia abajo desde el borde de la cueva y lo que vemos es una pared vertical. Nos damos cuenta que no podemos bajar y que nadie puede subir. Ahora todos entran a la cueva.

Noto que en la cima de una montaña lejana hay algo que parece un jaguar negro. Otros hombres y yo vemos como esa criatura da un salto a través del aire y cae justamente encima de la entrada de la cueva. Ahora me doy cuenta que es una criatura de aspecto pasmoso. Su piel es negra y seca. Me mira y me sisea. Sus dientes son largos y babea. Dice, "¡Te odio! ¡Te voy a matar!"

Entonces se lanza hacia mí y me derriba al suelo. Al caer, tapo mi espalda con una cobija blanca y gruesa que parece una luz espesa, un vapor seco. La criatura presiona mi hombro izquierdo hacia el suelo para inmovilizarme. De reojo puedo ver su mano derecha. Tiene uñas largas. Me repite, "¡Te odio con todo mi ser! ¡Te voy a matar!" Arroja su mano derecha contra mi espalda para apuñalarme con sus uñas. Pero cuando lo hace, no siento nada. La cobija blanca me protege. Después de varios golpes veo que la cobija blanca se alza de mi espalda, le pega fuertemente y lo despacha. Él cae al valle y yo me despierto del sueño.

 

Un cuadro del cielo y
un mensaje para el pueblo de Dios

por Ernie Knoll
10 de diciembre de 2006
 

En mi sueño, estaba de pie al lado derecho de un templo muy grande[1]. El piso estaba en declive gradual hacia una plataforma grande al frente.  El techo ascendía gradualmente hacia la parte delantera del templo.  Noté una Persona muy alta en la plataforma. Llevaba un manto blanco muy brillante[2] que parece ser de vapor seco con pliegues y campanitas pequeñas en el borde.  Inmediatamente me di cuenta que era Jesús.
 
Yo estaba parado, con muchos otros, porque no hay asientos. Mientras miro hacia una pantalla grande de vídeo, Jesús habla acerca de lo que estoy viendo. La pantalla parece una gran lámina de cristal que se extiende desde un lado de la plataforma hasta el otro, y se dobla hacia atrás en las puntas. Aunque estuve parado allí mucho tiempo, no me canso. Al mirar y escuchar, pensaba, “Sí, todo esto es correcto[3] y lo explica todo.”
 
Entonces me di vuelta  para mirar hacia el grupo grande de personas y ví que todos estaban de pie en hileras perfectas que formaban un cuadrado perfecto[4]. Fue entonces que me di cuenta que todos estaban viendo un vídeo distinto en la misma pantalla, y Jesús, el Gran Instructor[5], estaba explicándolo simultáneamente a cada persona.
 
Al darme vuelta para salir, anduve por una fila entre las personas y percibí la facilidad con que subía hacia la parte trasera del templo.  Una vez atrás, salí al vestíbulo grande donde había muchas personas conversando. Al salir del templo, había una apertura, pero no recuerdo haber visto una puerta[6].  También comprendí que sólo ciertos individuos podían entrar a este templo.
 
Ahora estaba afuera y podía ver que había muchos edificios[7] de distintos tamaños rodeados de una variedad de plantas y árboles. Miré hacia abajo y el suelo me maravilló. Era de un oro claro, transparente[8] inclinado y grueso, pero yo podía ver hacia el fondo.
 
Me asombran la belleza y el tamaño de todo—los colores vivos, como todo se ve nuevo y limpio. Me doy cuenta que el área que estoy viendo es sólo una parte pequeña en comparación al resto del cielo.
 
Entonces vi muchos, pero muchos ángeles conversando con la gente. Algunos tenían bebés en sus brazos, y otros tenían a niños pequeños de la mano. Vi a muchos niños corriendo y jugando, e individuos de distintos tamaños parados, conversando y riendo.
 
Al caminar por una cuesta pequeña noté que el manto que yo llevaba puesto se parecía al del Gran Instructor, pero no era tan blanco ni tenía campanillas. No sentía calor ni frío, sino que estaba perfectamente cómodo[9].
 
Entonces vi a Jesús con grupos de personas que le escuchaban. Ellos eran de distintos tamaños[10], y todos estaban felices, sonriendo o riendo.
 
A lo lejos escuchaba el sonido de agua corriente[11] y el murmullo de aves. Al verlos volar, noté que eran de distintas formas.  
 
También me di cuenta que dondequiera que caminaba oía música suave y apacible[12]. Era distinta a cualquiera que jamás haya escuchado en la Tierra, aún más bella que la música de la iglesia.
 
Al caminar hacia la izquierda vi una muralla grande[13] con una apertura y me di cuenta que éste no era el fin de la muralla, sino el medio.  La apertura tiene una columna de grandes dimensiones. Es muy alta y de una sustancia transparente.  Encima tiene una viga grande y ancha que se extiende a una gran distancia hasta la siguiente columna. Entre las columnas hay una muralla difícil de describir. Es maciza y ancha con distintos colores de piedras o cristales que brillan con belleza.
 
En la apertura de la muralla vi un guardia muy grande vestido de un manto con cintos. En su mano izquierda tenía como una tabla grande de cristal en la cual aparecían datos constantemente. En la mano derecha sostenía lo que parecía una gran espada o cetro que se extendía sobre su hombro izquierdo. Al pasarlo para salir, me miró y me sonrió. No dijo nada, pero capté que estaba pensando, “Tienes derecho absoluto[14] de entrar y salir, viajar y regresar cuando quieras.” Al salir pasé muchos otros que entraban. Noté que la ciudad está ubicada encima de una gran colina[15]. Al mirar hacia el valle podía ver una gran extensión de hierba, flores, praderas, y bosques.  El valle seguía y seguía, más allá de lo que puedo ver.  Me di cuenta que allí vivía mucha, pero mucha gente[16]. Al caminar a lo largo de un sendero, vi a muchos otros que entraban a la ciudad.
 
Entonces sonreí, extendí mis brazos, y sentí que dejaba el suelo y comenzaba a subir al aire. Miré hacia abajo y vi a la gente saludando y llamándome. Yo les grité y saludé. Fue entonces que me di cuenta que yo no estaba volando[17] con los brazos. Al seguir subiendo más alto, admiraba el valle hermoso con su hierba verde[18] que se meneaba en la brisa, casi como si estuviera en una corriente del mar.
 
Aunque estaba a unos 100 metros sobre la gente que había visto en el sendero, podía oler el aroma de flores, hierba, y árboles. De repente sentí como si una brisa fuerte me llevara rápidamente más alto. Estaba a unos 300 metros de altura. Al mirar hacia abajo otra vez, vi que la gente formaba como si fuera un sendero largo de joyas hermosas[19] que seguía junto a la gran muralla y hacia el valle.
Volví a mirar hacia la muralla y me sorprendió cuán lejos sigue y cuan perfectamente derecha es.  Noté también algo que parece una cortina muy grande que cuelga entre las columnas y se mueve con el aire. A lo lejos vi, en el medio de la gran ciudad, una ciudad grande situaba encima de una gran colina y rodeada por una gran extensión de parques. En el medio de la ciudad dentro de la ciudad, noté una rotonda en el centro de un edificio grande. Es difícil describir la arquitectura. Es el edificio más bello de todos. La rotonda es de oro puro, claro como el cristal. Emite una luz que hace que todo sea luminoso. No hay sombras ni sol[20].
 
Entonces me pareció que había subido demasiado, debía descender. Di una vuelta ancha y me hallé sobre el valle inmenso, donde puedo ver mejor la gran muralla. No pude divisar su fin ni a la derecha ni a la izquierda.
 
Al volar de regreso, todavía entraba gente a la ciudad. El guardia me miró como diciendo, “Bienvenido a casa.” Al acercarme para aterrizar, mi cuerpo hizo una rotación y mis pies tocaron el suelo suavemente. Comencé a ascender una pequeña cuesta para regresar al templo, y pienso cuán fácil es el ascenso.
 
Entonces divisé a Jesús que se apartaba de un grupo de personas con quienes había estado conversando. Al caminar es como si todo y todos lo reconociesen como el Creador[21] del universo. Nos encontramos y comenzamos a comentar acerca de las cosas que había visto y experimentado. Él se ríe y sonríe mucho. Noté que su cabello es un blanco brillante[22]. No tiene raya en el cabello, sino que va hacia atrás y cae en rizos sobre sus hombros. Su piel parece bronceada del sol[23]. No noté el color de sus ojos, sólo el amor sin límites, amor de los amores[24]. Todo lo que vi en el cielo no es nada en comparación a lo que vi en los ojos de Jesús.
 
Ambos caminamos y conversamos juntos un buen rato. Una de las cosas de las cuales hablamos era cuán hermosa era la música que escuché en el cielo. Le dije que era distinta a cualquier cosa que jamás haya escuchado en nuestros cultos de adoración en la Tierra. Le pregunté si a Él le gustaba la música y los cultos de adoración que tenemos. Me respondió, “Ahí está el problema. Son sus cultos de adoración, no los míos.” Dijo que alguna música que tenemos no fue inspirada ni por Él, ni por el Padre, ni el Santo Espíritu, sino por otro espíritu distinto.
 
Entonces me dijo que Él le había instruido a su profetiza, Elena de White, que escribiera acerca de nuestros cultos de adoración. Hay veces cuando creemos que estamos adorando a Dios, pero en realidad estamos adorando a Satanás. Una parte de esto se encuentra en Primeros escritos, páginas 54-56, como sigue:
 
“Vi un trono, sobre él se sentaban el Padre y el Hijo. … Entonces Jesús soplaba sobre ellos el Espíritu Santo. En ese aliento había luz, poder y mucho amor, gozo y paz.  Vi al Padre levantarse del trono… Me di vuelta para mirar la compañía que seguía postrada delante del trono. No sabía que Jesús la había dejado. Satanás parecía estar al lado del trono, procurando llevar adelante la obra de Dios. Vi a la compañía alzar las miradas hacia el trono, y orar: ‘Padre, danos tu Espíritu.’ Satanás soplaba entonces sobre ella una influencia impía; en ella había luz y mucho poder, pero nada de dulce amor, gozo ni paz. El objeto de Satanás era mantenerla engañada, arrastrarla hacia atrás y seducir a los hijos de Dios.”
 
Para ayudarme a comprender la santidad y reverencia que Dios merece, Jesús me explicó que junto al trono de su Padre hay ángeles con seis alas, llamados serafines. Entonces me mostró Isaías 6:2,3 donde dice: “Por encima de él había serafines; cada uno de los cuales tenía seis alas: con dos de ellas se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies, y con dos volaban. Y se decían el uno al otro: «Santo, santo, santo es el SEÑOR Todopoderoso; toda la tierra está llena de su gloria.»
 
Con respecto al estilo de música en nuestros cultos de adoración, Jesús me explicó que lo que llamamos música de alabanza y el rock cristiano son una abominación para Él y el Padre.  Me explicó que comenzamos nuestros cultos de adoración pidiendo que venga el Espíritu Santo. ¿Cómo creemos que ellos van a estar en algo que Dios considera una abominación? Él me explicó que los coritos de alabanza no son más que repetición, un instrumento de adoración cuidadosamente diseñado por Satanás mismo.
 
¿Cuán malo será llevar la música popular del mundo al templo de nuestro cuerpo? ¿Cuánto peor será introducirla al templo santo de Dios?
 
Jesús y yo seguimos caminando y conversando juntos. Hablamos de muchas otras cosas. Después de un rato, se detuvo y me sonrío con una sonrisa que me dio paz y seguridad. A la vez me habló con autoridad, diciendo que debía despertar y compartir[25] las cosas que había visto. Me dijo, “Diles que no se enreden en las cosas insignificantes[26] de este mundo.”  Entonces Jesús me dijo que van a suceder cosas terribles, terribles, terribles[27], pero que estas cosas tienen que pasar.
 
Me instruyó que no debía preocuparme y que supiera que Él iba a estar presente para ayudarnos[28] en todas nuestras pruebas. Sólo tenemos que pedir ángeles, y vendrán para ayudarnos. No debemos preocuparnos ni por hoy ni por mañana, porque Él viene. Me sonrió y me dijo, “Diles que ¡Ya voy”!  Jesús me habló muy explícitamente que no estaba diciendo, “Vengo en breve.”  Él dijo que ese tiempo ya pasó. El decir “Vengo en breve” es como decir en algún momento futuro. Estamos al final[29] del sendero. Cuando me desperté de este sueño, me di cuenta que aunque oigamos de guerras y rumores de guerras, creo que Dios quiere que tornemos nuestros ojos y corazones hacia una tierra mejor. Estamos tan distraídos con los problemas acá que nos olvidamos de lo que nos espera allá.
 
A propósito, durante dos semanas después de tener este sueño, no relaté el final—la parte más importante del sueño cuando Jesús habló conmigo. Temía lo que otros me fueran a decir. Pero entonces me era difícil dormir de noche y una vocecilla me repetía que debía compartir el final del sueño. Becky comenzó a notar que algo andaba mal y me preguntó si había algo más que yo no le había relatado. Con lágrimas comencé a relatarle el final del sueño. Decidimos que si Jesús había dicho que debía compartir el sueño, que no quedaba más remedio que compartirlo. Y no nos ha pesado hacerlo.
 

  1. Apocalipsis 7:15 Por eso están delante del trono de Dios, y día y noche le sirven en su templo; y el que está sentado en el trono morará entre ellos.
  2. Mateo 17:1-2 Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan el hermano de Jacobo, y los llevó aparte, a una montaña alta. Allí se transfiguró en presencia de ellos; su rostro resplandeció como el sol, y su ropa se volvió blanca como la luz.
  3. 1 Corintios 6:3 ¿No saben que aun a los ángeles los juzgaremos?  ¡Cuánto más los asuntos de esta vida!
  4. Primeros escritos, p. 16  “En el mar de vidrio, los 144,000 formaban un cuadrado perfecto.”
  5. El Educador cristiano, 1º de agosto de 1897   “En Cristo la deidad era representada. Él era el gran Instructor en la filosofía divina.”  [Trad.]
  6. Juan 20:19Al atardecer de aquel primer día de la semana, estando reunidos los discípulos a puerta cerrada por temor a los judíos, entró Jesús y, poniéndose en medio de ellos, los saludó. «¡La paz sea con ustedes!»
  7. Juan 14:2 En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar.
  8. Apocalipsis 21:21 Las doce puertas eran doce perlas, y cada puerta estaba hecha de una sola perla. La calle principal de la ciudad era de oro puro, como cristal transparente.
  9. El Espíritu de profecía, tomo 1, p. 49   “Con humildad y una tristeza inefable, Adán y Eva abandonaron el jardín hermoso donde habían sido tan felices hasta que desobedecieron el mandato de Dios. La atmósfera había cambiado. Ya no era constante como lo era antes de la transgresión. Dios los vistió con ropas de pieles para protegerlos del sentido de frío, y después del calor al cual fueron expuestos.”  [Trad.]
  10. Génesis 6:4 Había gigantes en la tierra en aquellos días.
  11. Apocalipsis 22:1 Luego el ángel me mostró un río de agua de vida, claro como el cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero.
  12. Joyas de los testimonios, tomo 1, p. 46   “Se me ha mostrado el orden perfecto del cielo, y he quedado arrobada al escuchar la música perfecta que se oye allí. Después de salir de la visión, el canto terrenal me pareció muy áspero y discordante. He visto compañías de ángeles dispuestos en cuadros, cada uno con un arpa de oro. … Hay un ángel que siempre guía, que toca primero el arpa y da el tono; luego todos se unen para producir la rica y perfecta música del cielo. Es indescriptible esa melodía celestial y divina, que vibra mientras todo rostro refleja la imagen de Jesús, cuya gloria resplandece con brillo inefable.”
  13. Apocalipsis 21:17 Midió también la muralla, y tenía sesenta y cinco metros, según las medidas humanas que el ángel empleaba.
  14. Primeros escritos, p. 17 “Jesús levantó su brazo potente y glorioso y, posándolo en la perlina puerta la hizo girar sobre sus relucientes goznes y nos dijo: «En mi sangre lavasteis vuestras ropas y estuvisteis firmes en mi verdad. Entrad». Todos entramos, con el sentimiento de que teníamos perfecto derecho a estar en la ciudad.”
  15. Apocalipsis 21:10 Me llevó en el Espíritu a una montaña grande y elevada, y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios.
  16. Apocalipsis 7:9 Después de esto miré, y apareció una gran multitud tomada de todas naciones, tribus, pueblos y lenguas; era tan grande que nadie podía contarla. Estaban de pie delante del trono y del Cordero, vestidos de túnicas blancas y con ramas de palma en la mano.
  17. Primeros escritos, p. 19  “Los pequeñuelos trepaban por los montes o, si lo preferían, usaban sus alitas para volar hasta la cumbre de ellos y recoger inmarcesibles flores.
  18. Primeros escritos, p. 18   “Después vi un campo de alta hierba, cuyo hermosísimo aspecto causaba admiración. Era de color verde vivo, y tenía reflejos de plata y oro al ondular gallardamente para gloria del Rey Jesús.
  19. Malaquías 3:17 El día que yo actúe ellos serán mi propiedad exclusiva—dice el Todopoderoso—. Tendré compasión de ellos, como se compadece un hombre del hijo que le sirve.
  20. Apocalipsis 21:23 La ciudad no necesita ni sol ni luna que la alumbren, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.
  21. Colosenses 1:16-17 Porque por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, poderes, principados o autoridades: todo ha sido creado por medio de él y para él. Él es anterior a todas las cosas, que por medio de él forman un todo coherente.
  22. Daniel 7:9 Mientras yo observaba esto, se colocaron unos tronos, y tomó asiento un venerable Anciano.  Su ropa era blanca como la nieve, y su cabello, blanco como la lana. Su trono con sus ruedas centelleaban como el fuego.
  23. Apocalipsis 1:15 Sus pies parecían bronce al rojo vivo en un horno, y su voz era tan fuerte como el estruendo de una catarata.
  24. 1 Juan 4:16 Y nosotros hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.
  25. Apocalipsis 1:10-11 En el día del Señor vino sobre mí el Espíritu, y oí detrás de mí una voz fuerte, como de trompeta, que decía: «Escribe en un libro lo que veas y envíalo a las siete iglesias.» Primeros escritos, p. 19 “Y añadió: «Debes volver de nuevo a la tierra y referir a otros lo que se te ha revelado.»
  26. Lucas 12:29-31 Así que no se afanen por lo que han de comer o beber; dejen de atormentarse. El mundo pagano anda tras todas estas cosas, pero el Padre sabe que ustedes las necesitan. Ustedes, por el contrario, busquen el reino de Dios, y estas cosas les serán añadidas.
  27. Daniel 12:1 Entonces se levantará Miguel, el gran príncipe protector de tu pueblo. Habrá un período de angustia, como no lo ha habido jamás desde que las naciones existen.  Serán salvados los de tu pueblo, cuyo nombre se halla anotado en el libro.
  28. Salmo 27:5 Porque en el día de la aflicción él me resguardará en su morada; al amparo de su tabernáculo me protegerá, y me pondrá en alto, sobre una roca.
  29. Lucas 21:36 Estén siempre vigilantes, y oren para que puedan escapar de todo lo que está por suceder, y presentarse delante del Hijo del hombre.

El viejo portón gris
por Ernie Knoll
Febrero de 2007
 

En mi sueño, me encuentro delante de un portón viejo de madera con alambre de púas a la derecha y a la izquierda. Estoy delante del portón sin poder pasar al otro lado. Detrás de mí hay mucha gente esperando pasar, pero el portón no lo permite. (Me doy cuenta que el portón no es un objeto inanimado.) El aire de este lado de la cerca es caliente y seco de olor rancio. De repente, la cerca, (no el suelo) comienza a temblar. Tiembla tan fuerte que el portón se desprende de sus bisagras del lado izquierdo de la cerca y cae al suelo destrozado. Entonces podemos avanzar y atravesar la apertura en la cerca y hacia la hierba fresca y verde que crece al otro lado. Ahora el aire se siente fresco y puro, y huele a hierba tierna.

 

Un susurro apacible y delicado
Febrero de 2007
(Esto no fue un sueño)
 

Ahora sabemos por qué Becky fue impresionada a seleccionar Atlanta para hacer escala en nuestro viaje a Tennessee.
 
Cuando llegamos a Atlanta, nos tocó esperar dos horas. Decidimos caminar un poco. Cuando llegamos a nuestra puerta de embarque, B30, aún nos quedaban 45 minutos hasta la hora de partida. Becky se sentó a descansar. Yo me sentí impresionado a caminar más, así que me dirigí hacia el otro extremo del terminal. Al aproximarme al punto medio, noté un mostrador Delta de servicios para los viajeros donde había cuatro damas sentadas.  Al acercarme escuché una voz silenciosa que me dijo, “Ve y habla con la representante”.  Mentalmente estaba incierto sobre cuál de ellas sería. Nuevamente la voz me dijo, “Ve y habla con la representante”. Me preguntaba qué debía decir. Una tercera vez la voz dijo, “Ve y habla con la representante”.  
 
Ya que no sabía si esto era verdadero o no, caminé en silencio más allá de las representantes hasta el fin del terminal. Pensé, “¿Habrá sido mi imaginación, o será que de veras escuché una voz? Llegué a B1, me di vuelta y me dirigí de nuevo hacia B30. Al aproximarme nuevamente al mostrador Delta de servicios para los viajeros, una voz repitió, “Ve y habla con la representante”. Nuevamente me pregunté cuál de ellas. Escuché, “Ve, y te tocará la indicada”.  Pensé, “Déjame ir a buscar nuestros pasajes de donde Becky”.  Me pareció que eso era acertado. Entonces oí, “Pero, APÚRATE”.  Caminé rápidamente para buscar nuestros pasajes y le dije a Becky que tenía que hacer algo y que ya regresaba.
 
Regresé rápidamente al mostrador e hice cola. Delante de mí había dos personas. Nuevamente dudé cuál sería, ya que había cuatro representantes. La voz dijo, “Espera que te llamen”. Noté que no había nadie detrás de mí. Unos dos minutos más tarde, me vi caminando hacia la representante del extremo izquierdo. Me pregunté, “¿Qué será lo que debo decir?” La respuesta fue, “Yo te daré las palabras”.
 
Me acerqué a la representante y ella me saludó. Le dije, “Voy de regreso a Sacramento.  Me invitaron a hablar de un sueño que tuve”. Me miró un poco extrañada y me preguntó,  “¿Se trataba del cielo?” La miré y como único puedo describirlo es de esta manera: Mi boca estaba en marcha, pero mi mente estaba en punto neutral. Le respondí, “Sí, nos invitaron a mi esposa y a mí para hablar acerca de un sueño que tuve acerca del cielo”.  Ella dijo, “Yo creo en los sueños”.  Le dije que si me daba su correo electrónico, yo le enviaría una copia del sueño. Entonces me dijo que había estado orando todo el día. Necesitaba hablar con un pastor, porque a su hija le habían diagnosticado un cáncer terminal. Le dije que me escribiera el nombre de su hija y que muchos orarían por ella. Comenzó a llorar y exclamó, “¡Gloria a Dios!  ¡Gloria a Dios!”
 
Las dos representantes a su derecha también comenzaron a llorar, pues habían oído nuestra conversación y conocían la situación de su hija. Entonces la representante me preguntó en qué podía servirme. Para aligerar la situación, le dije que podía darme un asiento en primera clase. Entonces alcancé por encima del mostrador y la tomé de la mano. Le dije, “Elizabeth, Jesús viene y Dios ha oído tu petición por un ministro. Si es la voluntad de Dios, tu hija será sanada”.
 
He aquí un mensaje electrónico que llegó de Elizabeth algunas semanas más tarde:
 
“¡¡¡Cuánto agradezco sus oraciones!!! Nuestra familia ha sufrido de enfermedades y yo estoy agotada de trabajar en dos empleos. Hallaron que el cáncer está localizado en un solo sitio. Ella tendrá que tener una intervención quirúrgica y terapia. El cáncer no se ha extendido. ¡¡¡¡Dios es bueno!!!!  Doy gracias a Dios que aún hay individuos que oran. Creo en los milagros y me aferro a las promesas de Dios. ‘Él jamás me dejará ni abandonará. Él estará conmigo hasta el fin’. Espero que usted y su familia estén bien. Yo he estado relatando su sueño a otros. ¡¡Dios le bendiga!!  Le repito, por favor AGRADEZCA a todos por sus oraciones. ¡¡¡Las oraciones son poderosas!!! Bendiciones, --Liz”
 

Edificio cayendo
por Ernie Knoll
5 de marzo de 2007
 

En mi sueño estoy mirando por la ventana de un edificio. Hacia abajo noto que no es un edificio nuevo y que tiene un techo viejo de metal. Cuando miro al otro lado de la autopista, veo edificios nuevos y brillantes. Por la manera como están colocados me doy cuenta que son edificios de distintas ciudades. Uno de los edificios es redondo y está cubierto de vidrios azules.
 
De repente, los edificios comienzan a sacudirse. Al tercer sacudión, los edificios se mueven tan fuertemente que caen, desmoronándose hacia el suelo. Veo lo que parece ser miles de hojas de papel cayendo hacia el suelo. Pero al fijarme me doy cuenta que en realidad son personas. Con un gran sentimiento de pesar, capto que nuestro Dios poderoso todavía está en control y que estas cosas deben suceder.

 

Un llamado al arrepentimiento
por Ernie Knoll
9 de abril de 2007
 


En mi sueño estaba mirando la página web
parasupueblo.com cuando me di cuenta que la pantalla parecía tener una cubierta con un mensaje. Parecía que cada letra del mensaje era de oro y estaba tallada en la pantalla. El mensaje sólo consistía de tres renglones, pero se refiere poderosamente a los tiempos en que vivimos. Estas palabras representan lo que se me mostró, incluyendo las letras mayúsculas.

 

Salgan de ella, pueblo MIO.
La HORA de mis juicios ha llegado.
He aquí la IRA de su Dios.

 


Este fue un sueño corto, pero poderoso. Después del sueño tuve una impresión muy fuerte que cosas GRANDES van a ocurrir en cualquier momento. Becky dijo que antes de que yo despertara, ella había estado orando que necesitábamos un llamado al arrepentimiento en la página web. Ahora teníamos la respuesta.

Citas:
 

  • Apocalipsis 18:4 Luego oí otra voz del cielo, que decía: «Salgan de ella, pueblo mío, para que no sean cómplices de sus pecados, ni los alcance ninguna de sus plagas».
  • Apocalipsis 14:7 Gritaba a gran voz: «Teman a Dios, y denle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio. Adoren al que hizo el cielo, la tierra, el mar y los manantiales.
  • Isaías 13:13Por eso haré que tiemble el cielo y que la tierra se mueva de su sitio, por el furor del Señor Todopoderoso en el día de su ardiente ira.
  • Comentario Bíblico Adventista, 4CB 1205 "En esta época precisamente antes de la segunda venida de Cristo en las nubes del cielo, Dios necesita hombres que preparen un pueblo para que esté en pie en el gran día del Señor. En estos últimos días se debe efectuar una obra igual a la que hizo Juan. Mediante los agentes que el Señor ha elegido, él está dando mensajes a su pueblo, y quiere que todos presten atención a las admoniciones y amonestaciones que envía. El mensaje que precedió al ministerio público de Cristo fue: Arrepentíos, publicanos y pecadores; arrepentíos, fariseos y saduceos, "porque el reino de los cielos se ha acercado". Nuestro mensaje no es de paz y seguridad. En nuestra condición de pueblo que cree en la pronta aparición de Cristo, tenemos un mensaje definido para dar: 'Prepárate para encontrarte con tu Dios'."

 

Ángel sobre un caballo blanco
por Ernie Knoll
28 de abril de 2007
(Un sueño de afirmación y ánimo)
 

En mi sueño camino por un pasillo largo y amplio. Detrás de mí se oye el sonido de cascos de caballo. Cuando volteo veo un ángel montado sobre un hermoso caballo blanco que viene a galope. Su crinado y cola fluyen como una corriente del mar.
 
Cuando se aproxima saludo al ángel. Su cabello es blanco y está peinado hacia atrás. Su rostro es redondo, pero algo largo y, cuando habla y sonríe muestra hoyuelos en sus mejillas. Se detiene y le pregunto si mi esposa y yo estamos compartiendo los sueños debidamente. El ángel responde que debemos continuar compartiendo los sueños en la manera que lo estamos haciendo, especialmente lo de la Biblia y el Espíritu de Profecía.
 
Cuando le pregunto si Jesús está molesto con la manera como hemos estado compartiendo los sueños, el ángel de un salto se desmonta del caballo por el lado izquierdo y viene hacia el lado derecho del caballo donde yo estoy parado. Me toca el hombro izquierdo y menciona mi nombre celestial--el mismo nombre que he escuchado en los otros sueños, aunque no lo recuerdo después del sueño. El ángel dice que Jesús y el Padre están muy complacidos con la manera como compartimos los sueños. Si llegase a haber algo mal, Él me lo dirá, y que debo evitar enredarme en cosas triviales. No debemos preocuparnos por los que tengan dudas o causen desagrados cuando les relatemos estas cosas. Dios se va a encargar de ellos a su propia manera.
 
Nuevamente el ángel sonríe y dice que Dios está con nosotros en todo lo que hacemos. No tenemos nada que temer, porque Él es más fuerte que el enemigo que nos odia. Dice que nuestro camino va a estar lleno de muchos con "lanzas y espadas" pero no debemos preocuparnos, porque estamos rodeados con el escudo de Cristo. El enemigo va a trabajar con muchos mientras proseguimos, pero Dios va a triunfar.
 
El ángel vuelve a montar el caballo y se da vuelta para regresar por donde había venido. Antes de irse, me dice, “Sigue adelante confiado que Jesús viene y estará contigo hasta el fin.

 

¡Id Adelante!
por Ernie Knoll
9 de mayo de 2007
 

En mi sueño, Becky y yo, con otros que están detrás de mí –algunos conocidos, otros, no –estamos frente a unos doce hombres vestidos de togas negras y sentados en un banco elevado. En la pared detrás de ellos se ven las siguientes palabras, “EL GRAN CONSEJO DE ANCIANOS”. Las palabras están formadas por grandes letras blancas con bordes negros, martilladas en la pared con clavos grandes.

Les pregunto a los ancianos si nos podemos arrodillar para orar antes de comenzar. Uno de los ancianos dice que ellos ya oraron, y que no hacen falta más oraciones. Les respondo que de todas maneras yo voy a orar. Hago una oración corta. Le pido a Dios que me dé fuerzas y que mis palabras sean las suyas. Menciono que Él me ha dicho que si necesitamos ángeles, lo único que tenemos que hacer es pedirlos y Él los enviará. Le pido varias legiones de ángeles, porque sé que las vamos a necesitar. Antes de que pueda decir ‘Amén’, uno de los ancianos dice, “Basta ya”.

Él exige saber quién me creo ser, y quiénes pensamos que somos, y con cuál autoridad venimos. Y sigue preguntando, “¿Quién es usted?”. Otro anciano pregunta, “¿Con cuál autoridad va a nuestras iglesias?” Otro pregunta, “¿Con cuál autoridad comparte esos ‘tales’ sueños?” Otro pregunta, “¿Con cuál autoridad testifica a nuestro pueblo?” Y de nuevo otro pregunta, “¿Con cuál autoridad profetiza?” Y otro: “¿Conoce usted la pena por diseminar estas mentiras?” Varios de los otros ancianos allí sentados se burlan, “¡Ah, sueños!” Otros se miran y nos miran a nosotros.

A mi lado izquierdo está Becky. Volteo a mirar al grupo grande que está detrás de mí. Noto que muchos llevan un delantal con herramientas en los bolsillos. Veo que la hermana J está a mi lado derecho, pero un poco detrás de mí. Su delantal es blanco y todas sus guarniciones son doradas y plateadas. Ella tiene un sujetapapeles y un lápiz dorado. En sus bolsillos hay muchos papeles.

Cerca, detrás de nosotros, están la hermana E, el hermano B y Anónimo. Ellos están vestidos de blanco puro. Detrás de ellos están el hermano J, el hermano M y el hermano D con sus esposas. Ellos llevan delantales blancos y sus bordes están guarnecidos de plata. Veo que el hermano M tiene muchas herramientas en sus bolsillos, pero también tiene distintos mapas y lápices dorados brillantes. Recuerdo haber pensado que a pesar de que no conocía al hermano D personalmente, sólo por teléfono, sabía que era él al que veía. También veo a los hermanos M. Tenían grandes alas de luz blanca en sus espaldas y cada uno sostenía un megáfono.

Reconozco al hermano W y con él hay otros que no conozco.

Por el lado izquierdo frente a los ancianos está el Pastor B. Él viste un traje negro, una camisa blanca brillante y una corbata blanca. A su lado está el hermano S, el cual tiene un delantal de plata pura. Ése también tiene muchos bolsillos. En sus brazos tiene muchos pergaminos. También tiene un teléfono de oro puro cubierto de vidrio.

Cuando miro hacia la izquierda, de repente aparece un ángel que camina a través de la pared a una velocidad muy grande y se detiene rápidamente. Entonces veo otro, y otro, y otro y muchos más. Ya no puedo ver las paredes ni el cielo raso porque sólo hay ángeles a hasta donde puedo ver. Es un número incontable de ángeles.

Entonces el grupo inmenso de ángeles se separa. Veo a Jesús, el Gran Juez, pasar en medio de ellos. Viene y se para precisamente delante de mí. Lo acompaña un séquito de ángeles. Algunos cargan jarros, muchos otros traen distintas capas, muchos visten armadura y hay muchos más que lo acompañan. Uno de los ángeles se acerca a Jesús y lo viste con una capa larga morada. Entonces Jesús se dirige hacia los ancianos y señalándonos a todos nosotros les dice, “Éstos son.”

Miro a los ancianos y veo como muchos cambian de semblante, convirtiéndose en criaturas de aspecto maligno. Éstos se levantan y salen huyendo. De los ancianos que quedan, algunos se despojan de sus togas negras y se arrodillan a los pies de Jesús llorando. Los demás se arrodillan y lo adoran.

Entonces Jesús se voltea y llama a los ángeles que tienen los jarros. Aparece un gran grupo de ángeles con jarros que forman un cuadrado. Jesús va y mete las manos dentro de uno de los jarros y entonces se frota las manos. Va rápidamente a los hermanos M, coloca sus manos sobre sus cabezas y les dice, “Vayan y SÓLO díganles que se ARREPIENTAN. Si ellos no escuchan o no quieren escuchar, sigan y no se detengan, porque ya no queda tiempo.”

Entonces manda por muchos ángeles veloces. “Vayan, ayúdenlos y apúrense porque no queda tiempo.” Observo como los hermanos M, con muchos, muchos, pero muchos ángeles salen disparados hacia arriba como si fueran flechas de luz de alta velocidad.

Jesús vuelve a colocar sus manos dentro de un jarro y entonces las pone sobre las cabezas del hermano J, del hermano M, del hermano D y sus esposas. Él les hace esto a muchos otros que no reconozco. No puedo oír todo lo que se dice. Sí oigo que es necesario esparcir su mensaje a su pueblo. Entonces manda por otro grupo de ángeles para que trabajen al lado de ellos.

A continuación, Jesús coloca sus manos dentro de un jarro, va a la hermana J y le toca la cabeza. Le dice que sirva al último grupo en todas sus necesidades, pero que los mantenga conforme a las cosas escritas en el sujetapapeles. No puedo ver lo que está escrito en el sujetapapeles. Él asigna a varios ángeles para que estén con ella. Uno es un ángel que se distingue por su velocidad, otro se distingue por su sabiduría, y dos ángeles armados que sostienen escudos y lanzas.

Colocando de nuevo las manos dentro de uno de los jarros, Jesús va a la hermana E, al hermano B y a Anónimo y les dice, “Ustedes deben servir de asesores; den consejo y dirección según sea necesario.” Él coloca una banda dorada alrededor del cuello de la hermana E y el hermano B.

Nuevamente colocando ambas manos en un jarro, Jesús se dirige a Anónimo y pone sus manos sobre su cabeza. Entonces dice, “Grande es la fe de aquél que manda que una semilla de mostaza se convierta en una montaña.” Entonces le da un beso en cada mejilla y lo envuelve en una capa muy blanca. A estos tres les asigna ángeles de consuelo, ángeles de sabiduría, y ángeles armados.

Luego de volver a un jarro, Jesús pone su mano sobre la cabeza del hermano S y mientras la tiene allí, dice “Tú tienes la información necesaria y cómo comunicarla.” Nos señala a todos y le muestra al hermano S que “Éstos son.” Entonces manda a un ángel que coloque sobre sus hombros una capa blanca con bordes plateados y le añade una banda dorada alrededor del cuello.

De nuevo, Jesús pone sus manos dentro de un jarro, se dirige hacia Becky y a mí y pone sus manos sobre nuestras cabezas. Manda a un ángel que coloque sobre nosotros dos una capa grande azul con todos los bordes guarnecidos de oro y plata. Nos dice, “Vayan y compartan las cosas que les he mostrado en los sueños. No se preocupen por aquéllos que se crean más poderosos que ustedes. Yo soy el Creador de todo. Vayan y compartan los sueños. Preparen a mi pueblo. Díganles que ya voy. Les dije, ‘Voy a preparar un lugar para ustedes.’ Díganles que el lugar ya está listo para ellos. Prepárense porque voy a buscarlos para llevarlos conmigo. Tienen el apoyo pleno de todos los que he llamado y están reunidos aquí.”

Jesús regresa al grupo de ángeles con los jarros y mete las manos lo más profundo que puede dentro de dos envases. Entonces va al Pastor B y lo frota de pies a cabeza. Entonces manda a los ángeles que tienen las capas que le pongan una capa. La capa llega hasta el piso y es de un blanco resplandeciente con guarniciones de oro y plata a lo largo del borde. El borde tiene muchas joyas que brillan. Entonces Jesús coloca una banda dorada con muchas gemas brillantes alrededor del cuello del Pastor B. Pone su brazo derecho alrededor del Pastor B, extiende el izquierdo y dice, “Éstos son.” Mientras su brazo está extendido, veo destellos de luz blanca resplandeciente que salen de la herida en su mano izquierda.

Ahora Jesús se dirige a los ángeles con los jarros y les pide que derramen su Espíritu. Manda a los ángeles armados que vayan y protejan a “Éstos que son”. Entonces manda a un gran grupo de ángeles de batalla, formados en un cuadrado inmenso, que vayan y cumplan su mandato. Les dice a todos los que están allí reunidos que vayan adelante conforme se les ha mandado.
 

 

Firmes en la verdad
por Ernie Knoll
20 de junio de 2007
 

En mi sueño, tengo un ángel junto a mi lado derecho. Él me dice que sólo me afirme sobre la madera. Dice que la madera es la verdad. Miro hacia abajo y veo dos vigas grandes de madera que parecen medir un pie cuadrado, y yo tengo un pie sobre cada una. Una mide unos 7 pies de largo y la otra, unos 12 pies. Noto que a cada una se le ha hecho un corte que parece medir 6 pulgadas por 12 pulgadas. Miro al ángel y él me repite que sólo me afirme sobre la madera, porque la madera es la verdad. Si no estoy sobre la madera, no hay verdad. Nuevamente miro la madera y noto que las vigas son de corte tosco, como si el trabajador hubiese usado herramientas rústicas. Vuelvo a mirar al ángel y él me repite que la madera es la verdad, que sólo me afirme sobre la madera.

 

Sábado o domingo
por Ernie Knoll
21 de junio de 2007
 

En mi sueño, es temprano en la mañana y me encuentro caminando en una acera junto a una iglesia. Llevo un par de mis aviones de control remoto para volarlos. Al pasar la iglesia, oigo a un hombre decirle a otro, "Feliz sábado."  Me detengo y exclamo, "¡Sábado! Pensaba que hoy era domingo, no sábado." Uno de los hombres dice, "Es domingo, el sábado de reposo." Lo miro, le sonrió y digo, "Nooo. El domingo no es el día de reposo, es el sábado. En ninguna parte de la Biblia se menciona el domingo como día de reposo, ni tampoco dice que Jesús lo cambió al domingo." El hombre señala hacia una mesa de picnic al cruzar la calle y me dice que lo espere allí y que va a traer a un hombre para que hable conmigo.

Entonces un hombre vestido de traje se me acerca y dice, "Soy el doctor fulano de tal (No recuerdo su nombre).  Soy un profesor en tal lugar. Tengo títulos en tales materias. He recibido tales y tales premios y se han publicado mis obras en tales sitios."  Yo le contesté, “He leído algunos libros, me gusta volar aviones de control remoto, y me gusta conversar con Dios a toda hora."
 
El profesor se sienta a la punta de la mesa, se quita los espejuelos, mete una de las patas en la boca y dice, "Me diiiceeeennn que tú nooo saaaabbbeeess qué díííaaa eesss hoooyyy." (Esto está escrito más o menos de la manera como fue dicho.) Han llegado otras personas que se han congregado alrededor de la mesa y todos los asientos están ocupados. Miro al profesor y digo, "Al pasar por la iglesia, me sorprendió oír a un hombre decirle a otro 'Feliz sábado.' Le dije que hoy es domingo, no sábado, y el hombre dijo que era domingo, el sábado de reposo."

Entonces, mientras los demás escuchan, le explico al profesor, que hoy es domingo, el primer día de la semana, y que la Biblia enseña que Dios creó nuestro planeta y todas las criaturas vivientes en seis días, pero descansó el séptimo día.[1] Le explico cómo el sábado siempre ha sido llamado sábado, y aun en distintos idiomas el sábado se denomina sábado.[2]  Le menciono que hay varias partes en la Biblia donde dice que el séptimo día de la semana, el sábado, es el día de reposo.[3] También le digo que el cuarto mandamiento es el único que comienza diciendo, 'Acuérdate.'[4]  Les pregunto, "¿Acaso todos ustedes se han olvidado?"

Unos de los hombres de pie junto a la mesa pregunta, "¿Acaso no eres aquél que dice tener sueños del cielo?" "Sí," le contesto. Al mencionarles Hechos 2:17,[5] la gente pierde interés, y más todavía cuando les relato mis sueños. Noto una mujer que apoya la cabeza en las manos con los codos sobre la mesa. Escucha atentamente todo lo que digo. Mirando alrededor, trato de captar el interés de los demás, pero todos se van detrás del profesor. Volteo hacia la mujer, y ella me dice, "Siga."[6]
 

  1. Génesis 2:2,3 – "Al llegar el séptimo día, Dios descansó porque había terminado la obra que había emprendido. Dios bendijo el séptimo día, y lo santificó, porque en ese día descansó de toda su obra creadora."
  2. Italiano – sabato; Español – sábado; Polaco – sobota; Búlgaro – shubbuta; Griego – sabbaton... y muchos otros.
  3. Éxodo 16:26 – "Deben recogerlo durante seis días, porque el día séptimo, que es sábado, no encontrarán nada." Éxodo 20:11 y Deuteronomio 5:14 – "Acuérdate de que en seis días hizo el SEÑOR los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y que descansó el séptimo día. Por eso el SEÑOR bendijo y santificó el día de reposo." Lucas 23:56 – "Luego volvieron a casa y prepararon especias aromáticas y perfumes. Entonces descansaron el sábado, conforme al mandamiento."
  4. Éxodo 20:8 – "Acuérdate del sábado para santificarlo."
  5. Hechos 2:17 – "Sucederá que en los últimos días—dice Dios—, derramaré mi Espíritu sobre todo el género humano. Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán, tendrán visiones los jóvenes y sueños los ancianos."
  6. Mateo 22:14 – "Porque muchos son invitados, pero pocos los escogidos."

 

Prepárense
por Ernie Knoll
22 de junio de 2007
 

Éste realmente no fue un sueño. Eran casi las 5 de la mañana. Me desperté porque pensé que mi esposa me había dicho algo, pero no era así. Ella dijo que estaba soñando un sueño común. Le dije que yo había oído una voz decir: "TAL COMO JUNIO ES UN MES CORTO, ASÍ TAMBIÉN LO ES EL TIEMPO. PREPÁRENSE PARA LA IRA DE DIOS."

 

Construye un arca
por Ernie Knoll
3 de julio de 2007
 

En mi sueño, estoy de pie en un salón muy grande. Estoy allí como un observador. Es como si nadie me viera o supiera que estoy allí, pero puedo ver y escuchar todo lo que ocurre. Veo un grupo de hombres congregados y sentados junto a una mesa. Están vestidos de ropas antiguas, como en los tiempos bíblicos. Detrás de los hombres hay un rollo fijado a la pared que dice, "LOS GRANDES EDUCADORES." Volteo hacia la izquierda y veo que un hombre entra y se aproxima a ellos.

El hombre explica que Dios le ha dicho que debe construir un arca. Dijo que se le habían dado las dimensiones, así como instrucciones específicas de cómo construirlo. Los hombres se dirigen los unos a los otros y discuten el asunto. Entonces uno de ellos dice, "No, Noé, tenemos que meditar, orar, y evaluar esa conversación que dices que tuviste con Dios. Necesitamos esperar y ver. No debiéramos precipitarnos con estas cosas. Tenemos que estar seguros que no era Satanás el que te hablaba."

Observo como Noé regresa vez tras vez tras vez. Se presenta ante los hombres para decir que Dios le ha dicho repetidas veces que es imperativo que construya un arca. Los "Grandes Educadores" insisten que un mensaje de esa índole no puede tomarse apresuradamente, sino que a veces toma muchos años para comprender. Le dicen que uno tiene que contemplar con oración cuidadosa la validez de estas pláticas que él dice que tiene con Dios. Siguen cuestionando si no será Satanás quien le habla.

La misma situación continúa por 120 años. Finalmente Noé entra y explica que Dios dijo que Él se ha propuesto hacer caer una gran lluvia que va a inundar la tierra. Los hombres exclaman, "¡Lluvia! Jamás ha llovido. Parece que Satanás te está confundiendo." Otro dice, "Noé, tienes que abandonar esto, de otra manera tanto tú como tu familia se van a perder."

Entonces oigo una voz, como la de un narrador, que dice, "Entonces llovió 40 días y 40 noches. En el día 46, Dios metió la mano al fango y dijo, 'Volvamos a crear al hombre a nuestra imagen.'"

 

La sala de correo
por Ernie Knoll
24-27 de julio de 2007
 

Este sueño fue dado en cuatro partes. Cada noche el sueño contenía una repetición del sueño de la noche anterior.

En mi sueño, me encuentro mirando lo que parece ser un gran sala de correo. Veo mucha gente sentada ante mesas y llenando sobres con material. Observo con más detenimiento y veo que están colocando una Biblia y un libro titulado, Espíritu de Profecía dentro de los sobres. (Este libro representa todos los libros del Espíritu de Profecía por Elena G. White.) También el sobre contiene un pedazo de papel azul que dice, “¿Estás listo? Jesús viene pronto.”

A mi derecha está un capataz que lleva puesto un casco de construcción muy blanco con rayas doradas y plateadas. Me señala hacia la izquierda donde hay muchas mesas cargadas de Biblias, libros del Espíritu de Profecía y esa hoja de papel azul para ser colocados en los sobres. Entonces me dice que mire hacia el gran reloj en la pared. El reloj marca las 2:00 p.m. El capataz dice que hay muchos sobres por llenar y que sólo faltan algunas horas para que termine la semana laboral. Me explica que antes de clausurar hay que llenar todos los sobres y ponerlos en las manos de la gente. Miro a los trabajadores y noto su aspecto cansado. Sin embargo, todos sonríen y continúan con la tarea que se les encomendó.

Miro hacia a la derecha y veo a muchos colocando los sobres en ranuras del correo. Cuando se llena una ranura, otro trabajador coloca los sobres en una bolsa de correo con destino a esa localidad. Más hacia la derecha veo muchas bolsas de correo llenas y listas, pero hay pocos encargados de envío para cargar los camiones.

El capataz me dirige a la sala de control y me muestra en un mapa todas las áreas donde estos paquetes deben ser entregados rápidamente. Al observar el mapa, tal parece que la tarea jamás se va a completar al paso que va. Me dirijo al capataz y le pregunto si no se debería obtener más ayuda. Responde que algunos dijeron que ayudarían. Llegaban, trabajaban un par de horas y se iban porque tenían otras cosas que hacer. Algunos creían que ya habían hecho todo lo que debían que hacer.

Entonces el capataz me dirige a una ventana y me dice que habían puesto avisos pidiendo ayuda. Al mirar por la ventana veo que no hay nadie para ayudar. Me dice que son muy pocos los que creen que estos sobres con su contenido deben ser enviados. Muchos piensan que ya se ha hecho lo necesario y que no hace falta enviar más sobres. Tienen dudas respecto al proyecto y dicen que no es necesario enviar los tres elementos. El capataz dice que otra compañía está enviando los sobres, pero sin Biblia, Espíritu de Profecía ni el mensaje que Jesús viene. Menciona que están enviando libros de otro autor.

El capataz me guía a través de este gran almacén hasta que llegamos afuera. Señala hacia arriba y dice que solamente hay Uno que puede suplir todas nuestras necesidades. Mira hacia arriba y dice: “Padre, los trabajadores son pocos y el trabajo es mucho.” De repente, observo como el cielo se divide en dos y ángeles con alas grandes comienzan a descender desde lo alto. Mientras miro, me siento abrumado de ver todos esos ángeles descender. Al aterrizar observo cómo sus alas se doblan y siguen doblándose hasta que desaparecen en sus espaldas. En lo que miro, los ángeles se transforman en trabajadores para el almacén. Algunos son jóvenes, otros son mayores; algunos son hombres y otros mujeres. Todos sonríen mientras se ponen en fila para entrar al almacén.

Ahora el capataz me lleva de regreso al almacén. Miro alrededor y todos están contentos y sonrientes. No puedo distinguir los ángeles de los seres humanos. Las pilas de Biblias, libros del Espíritu de Profecía y los papeles azules han desaparecido. El trabajo de llenar los sobres ha terminado. Los que colocaban los sobres en las ranuras terminaron. Miro hacia donde se llenaban las bolsas de correo y ya no hay más bolsas. Muchos están terminando de cargar el último camión y están cerrando su puerta trasera.

Me dirijo al capataz y le pregunto: “Siendo que ya se cargó la última bolsa de correo en el camión, ¿vendrá la destrucción y entonces regresará Jesús?” El capataz voltea y pide que uno de los trabajadores le traiga el otro casco suyo de construcción. Al acercarse el trabajador al capataz, inclina su cabeza y le extiende un casco de oro puro. El capataz se pone el casco nuevo. Se voltea hacia mí. Al mirarme, yo le miro los ojos y reconozco quién es. Exclamo: “¡Eres tú!” Comienzo a llorar y Él enjuga mis lágrimas con sus manos. Me dice: “No llores, porque tú eres el atrevido que Yo creé”. Sonrío y le digo que tengo tantas preguntas. Él me dice que hay poco tiempo. Rápidamente le pregunto por qué repetidas veces se me ha mostrado la destrucción venidera en muchos de mis sueños, pero Él me ha dicho que no divulgue los detalles. Él me contesta: “Muéstrame tu reloj.” Levanto mi brazo izquierdo para mostrárselo. Él me dice: “Dame tu mano derecha. Quiero mostrarte algo.” Le extiendo mi mano derecha y Él la coloca en su mano izquierda. Me mira, sonríe y me llama por mi nombre celestial (el que he escuchado en otros sueños) y me dice que no tema, sino que sepa que Él siempre está conmigo.

Él mira hacia arriba y los dos comenzamos a ascender. Miro hacia abajo y veo que mis pies se despegan del suelo, el cual desaparece rápidamente mientras ascendemos. De repente el cielo azul se abre, aminora nuestra velocidad y nos detenemos. Me señala cuatro ángeles muy grandes. Cada uno tiene agarrada una punta de lo que parece ser una vela de barco muy, muy, pero muy grande. Los ángeles se parecen al ángel que vi a la entrada de la ciudad en mi sueño del cielo. Pregunto si son ángeles. Jesús se dirige hacia mí, me llama por mi nombre celestial y dice, “Estás demasiado interesado en detalles finitos y estás pasando por alto detalles importantes”. Señala y me dice que mire de nuevo. Noto que los ángeles están usando todas sus fuerzas para contener lo que está dentro de la gran vela. Escucho truenos fuertes y detrás veo la luz de relámpagos y lo que parecen ser grandes objetos redondos tratando de traspasar la tela. El ruido que proviene de detrás de la vela es muy fuerte y a veces ensordecedor. La gran vela que parece tela tiembla, y parece que los ángeles hunden sus pies en tierra para mantener su posición, pero no hay tierra. Los músculos de los brazos se flexionan y me pregunto si sufren con el gran esfuerzo que veo. Al observar más detalladamente, me doy cuenta que la tela de la vela es la misma que los ángeles visten.

Mientras me encuentro allí, con Jesús a mi derecha, temo por mi vida y trato de esconderme detrás de Él. Recuerdo el sentido que tuve de la perdición inminente que Él va a permitir que ocurra. Miro a Jesús y comienzo a temblar y llorar. Todavía asido de mi mano derecha, descendemos rápidamente. Al hablarme, el sonido de su voz calma mis temores. Cuando miro a sus ojos, todavía no puedo detectar de qué color son. Lo único que puedo ver es un amor que no se asemeja a nada que haya visto ni experimentado. Me llama por mi nombre celestial y dice: “¿Por qué tienes miedo? Te dije que siempre estaré contigo. ¿Dónde está tu fe?” Me vuelve a enjugar las lágrimas con sus manos. Me dice, “No temas porque te tengo en la palma de mis manos y nunca te soltaré.” De nuevo me pide que le muestre mi reloj. Al extender mi brazo izquierdo, Él me pregunta si creo que mi reloj tiene la misma hora que el de Él. Entonces me dice que hay mucho trabajo por hacer, pero muy poco tiempo.

Sigue sosteniendo mi mano mientras continuamos el descenso a la tierra. Ahora veo cordilleras y ríos. Continúo observando mientras me aproximo lentamente al suelo y mis pies tocan tierra. Miro hacia Él y me dice: “Debes ir y decirles que ya voy. Diles que estén listos y a la expectativa, porque ya voy. Cuando dé el tiempo señalado, les diré a los de gran fuerza que suelten. Entonces derramaré mi ira. Ese tiempo es por mi reloj. Pero diles que se preparen. Porque me hacen desaire y adoran otros dioses y tratan de provocar mi ira con todas las obras de sus manos, derramaré mi ira sobre ellos.” Entonces escribe en el cielo y me dice que lea y comparta lo que le indicó a su profetisa, Elena de White, que escribiera. Miro al cielo azul oscuro y veo escrito en letras de oro oscuro, EVANGELISMO, páginas 36 y 37.

Todavía sosteniendo mi mano, Jesús dice: “Ahora ve y diles que ya voy. No temas porque tengo tu mano en la mía. Recuérdales que si necesitan ángeles, diles que los pidan y que estarán allí antes que terminen de pedirlos.” Me mira y sonríe. Me siento inundado de paz cual brisa cálida. Mientras miro a sus ojos veo el amor del amor de los amores.

Evangelismo, páginas 36 y 37 dice como sigue:
“Una escena muy impresionante pasó ante mí en visiones nocturnas. Vi una inmensa bola de fuego que caía en medio de un grupo de hermosas casas que fueron destruidas instantáneamente. Oí a alguien decir: "Sabíamos que los juicios de Dios visitarían la tierra, mas no pensábamos que vendrían tan pronto". Otros dijeron en tono de reproche: "Vosotros que sabíais estas cosas, ¿por qué no dijisteis nada? ¡Nosotros no lo sabíamos!" Y por todas partes oía reproches parecidos.
“Me desperté angustiada. Volví a dormirme y me pareció encontrarme en una gran asamblea. Un Ser de autoridad hablaba al auditorio, señalando un mapamundi. Decía que aquel mapa representaba la viña de Dios que debemos cultivar. Cuando la luz celestial brillaba sobre alguno, debía transmitirla. Debían encenderse luces en los diferentes lugares y de estas luces se encenderían otras. . .
“Vi focos de luz que brillaban desde las ciudades y los pueblos, en las montañas y los llanos. La Palabra de Dios era obedecida y como resultado en cada ciudad y cada pueblo se levantaban monumentos a su gloria. Su verdad era proclamada en todo el mundo.
“Habrá hombres de fe y de oración que se sentirán impelidos a declarar con santo celo las palabras que Dios les inspire. Los pecados de Babilonia serán denunciados. Los resultados funestos y espantosos de la imposición de las observancias de la iglesia por parte de la autoridad civil, las invasiones del espiritismo, los progresos secretos pero rápidos del poder papal, todo será desenmascarado. Estas solemnes amonestaciones conmoverán al pueblo. Miles y miles de personas que nunca habrán oído palabras semejantes, las escucharán. Asombrados oirán el testimonio de que Babilonia es la iglesia, caída a causa de sus errores y de sus pecados, porque ha rechazado la verdad que le fue enviada del cielo.”

 

Concesión paulatina
por Ernie Knoll
4 de agosto de 2007
 

En mi sueño, es sábado de mañana y estoy en la iglesia de un pastor sentado al lado derecho, bien atrás. Observo mientras dan los anuncios. Noto a muchos en conversaciones vanas y risas. Varios de los bebés están llorando. Algunos están conversando en el vestíbulo de la iglesia. Entonces el anciano da la oración pastoral.
 
Ahora estoy de pie al lado derecho de la plataforma. Al mirar hacia adelante, veo a muchos ángeles de pie, algunos sentados junto a miembros. Veo ángeles de aspecto noble, vestidos de mantos blancos. También veo otros ángeles que llevan mantos de un gris oscuro. Sus rostros están curtidos y desgastados.
 
Observo que estos ángeles están perturbando a los bebés para que lloren y causen otras distracciones que distraigan a la gente de lo que se está diciendo desde el púlpito. Veo que otros ángeles logran hacer divagar la mente de las personas. Estos ángeles malignos están sentados, susurrando a los oídos de los niños y adolescentes. Algunos están de pie junto a las puertas traseras para impedir que los que están en el vestíbulo entren al santuario. Otros de esos ángeles hacen todo lo que pueden para dañar el ambiente de reverencia y santidad dentro del santuario.
 
Ahora el pastor se levanta para comenzar su sermón, dice unas pocas palabras, mira hacia abajo, pausa, y mira hacia arriba. Dice, "Oremos ahora antes de abrir la Palabra de Dios." Se arrodilla a la derecha del púlpito. Su oración es muy corta. En su oración pide que Dios envíe sus santos ángeles para llenar el santuario, y que todos los ángeles malignos sean escoltados hasta quedar fuera y lejos de la iglesia.
 
Durante la oración, observo como muchos de los ángeles santos de Dios vienen a sacar a los ángeles malignos. Algunos de los ángeles se sientan para tranquilizar a los bebés. Otros animan a los oyentes a poner a un lado los pensamientos mundanos y concentrarse en lo que se está diciendo. Algunos rápidamente ayudan a los que están en el vestíbulo a entrar y encontrar asiento.  Ahora la iglesia está llena de ángeles celestiales. Afuera de la iglesia hay ángeles santos de pie, hombro a hombro. Miran hacia afuera, de espaldas a la iglesia, y han rodeado toda la iglesia.
 
Ahora estoy sentado nuevamente al lado derecho de la iglesia, bien atrás. El pastor termina de orar, se para y regresa al púlpito. La iglesia ahora está en silencio y hay una atmósfera reverente. Entonces comienza de nuevo su sermón y comienza diciendo, "El tema de hoy se titula, ‘La Concesión paulatina.'"

 

Sigue adelante
por Ernie Knoll
8 de agosto de 2007
 

En el sueño, varios nos encontramos de viaje en un auto convertible descubierto. Maneja Becky y hay otros sentados en el asiento trasero. Noto muchos carros al otro lado de la carretera que van en dirección contraria.  Muchos nos tocan la bocina, nos gritan o se ríen. Nos gritan que vamos en la dirección equivocada.

Ahora miro hacia arriba y lanzo una exclamación acerca de todos los ángeles que veo en el aire encima de nosotros. Señalo que mucho ángeles llevan trompetas o nos señalan que sigamos en la dirección que vamos. Otros nos agitan las manos, como diciendo, “¡Adelante!” Otros están de pie, como si nos están protegiendo. Me da la impresión que estos ángeles han sido enviados como encargados.

Les pregunto a los que están conmigo en el carro acerca de los que están en los otros carros, "¿Por qué no ven estos ángeles? ¿Por qué nos dicen que vamos en sentido contrario, cuando los ángeles nos están señalando que sigamos en la dirección que vamos?"

 

“Velad, porque ¡ya voy!”
por Ernie Knoll
14 de agosto de 2007
 

En mi sueño recorro un pasillo largo.  El piso es plano, pero le parte superior es redonda.  Aunque no hay luces, el pasillo está bien iluminado. Detrás de mí oigo el ruido de cascos. Me doy vuelta y veo un ángel sobre un caballo blanco que cabalga aprisa. Junto a él hay otro caballo blanco que cabalga a la misma velocidad. El ángel se detiene rápidamente junto a mí, se desmonta del lado izquierdo del caballo, da la vuelta por el frente y se apresura hacia mí. Cuando sonríe noto sus hoyuelos y lo reconozco como el ángel del sueño anterior. Me llama por mi nombre celestial) el nombre que sólo conozco en mis sueños).  Me dice, “Debes montar, porque hay mucho que decirte y mostrarte. Tenemos que viajar lejos, hay mucho que ver, y el Gran Intercesor me ha dado instrucciones detalladas que debo cumplir.” Da la vuelta por el frente del caballo, salta del lado izquierdo, y se aferra del crinado. Yo hago lo mismo.
 
Los caballos comienzan un trote lento que se torna en galope, y entonces en una carrera a toda velocidad.  Aunque yo he montado a caballo, esto es distinto. Este caballo no sube y baja, sino parece ir en forma recta y serena.  Me doy cuenta que estamos atravesando el pasillo a una velocidad muy grande.  Tras un  viaje que me parece muy corto, los caballos se detienen. Aunque no tengo cómo medirla, sé que acabamos de viajar una distancia muy grande. Nuevamente el ángel se desmonta del lado izquierdo y yo hago lo mismo. Me dice, “Tus oraciones y preguntas han sido oídas, como lo son todas las oraciones. Es hora que los que estudian el tiempo comprendan lo que están haciendo.”  Todavía estamos en el pasillo. El ángel se voltea y pide mi mano derecha. Se la extiendo y él me dice, “Tengo mucho que mostrarte y enseñarte.”
 
Nos dirigimos hacia el lado del pasillo y comenzamos a caminar. En ese instante se me ocurre que vamos a chocar contra la pared del pasillo. Atravesamos la pared, pero no hay puerta. Entramos a un salón donde somos observadores. El ángel me dice, “Lo que te voy a mostrar ahora se refiere a algo sobre lo cual has estado orando y pidiendo instrucción.” 
 
Veo a mucha gente sentada en un cuarto con mesas. Me dice, “Éstos son hermanos y hermanas de tu iglesia, pero no son de la misma fe.” Noto que alrededor del cuello algunos llevan como si fuera una toalla larga con flecos y nudos amarrados en las puntas. Al arrodillarse para orar, se cubren la cabeza con esa tela. Muchos llevan una pequeña tela redonda en la cabeza. Sobre las mesas veo muchos objetos inanimados. A la vista hay trompetas orientadas en varias direcciones. Noto rollos de escritura con palabras subrayadas y palabras que ellos han añadido a los rollos. Veo algo que sólo puedo describir como cornucopias llenas de distintas clases de alimentos.
 
Ellos también hacen adoración entre semana si la luna está en cierta fase y lo llaman el sábado. Esto es además del séptimo día sábado. Miro a mi ángel que me tiene de la mano derecha y le digo, “No entiendo.”  Él me dice, “Observa otra vez con atención.  Vuelvo a mirar y veo ángeles sentados con estas personas. Sus mantos son muy oscuros. Sus rostros se ven desdichados y destrozados de la guerra.  Obligan a la gente a creer lo que ellos quieren que crean. Observo como los hermanos y hermanas estudian equivocadamente, creyendo cosas que ya no tienen que creer.
 
Me volteo y veo que hacia un lado hay un grupo grande de hombres. Trabajan arduamente para cincelar el número 2012 en un inmenso bloque de granito. Cuando terminan, derriten y vierten sobre los números oro que han comprado. Entonces se arrodillan alrededor de ese bloque para orar, dando gracias porque se les ha mostrado el año cuando Jesús retornará. El ángel se dirige hacia mí y me dice, “Consultar Mateo 24:36.”  [“Pero en cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.”] El ángel continúa diciendo que el del gran disfraz está colocando trampas para todos, pero el ojo y oído perspicaces de aquéllos que han puesto sus corazones en la mano de Dios discernirán cuando el maligno los hace adorar leyes viejas y paganas—cosas que fueron abolidas cuando Jesús fue clavado en la cruz y murió.
 
Todavía asiendo de mi mano, el ángel dijo, “Tenemos que irnos.” Nos volteamos y me encuentro en el pasillo. Noto que los caballos ya no están. Me detengo y le pido al ángel que me diga su nombre. Me contesta, “Puedes llamarme ‘El Heraldo’ (me lo deletreó), pero quién yo soy no es importante. El Gran Árbitro (también me deletreó esto) es el único nombre que debiéramos querer conocer y de quién debiéramos querer hablar.
 
Atravesamos el pasillo hasta el otro lado y entramos a un salón que reconozco de inmediato. Es del sueño que denominé “Id adelante.”  Nuevamente mi posición es sólo la de un observador. Veo a muchas personas que reconozco. Un poco más atrás de mí vuelvo a ver al hermano J, al hermano M y al hermano D, junto con sus esposas. También hay otros allí, pero no los puedo ver a causa de la gente que me tapa la vista. Mi ángel, todavía asiendo de mi mano, nos hace levantar del suelo. Desde ese punto de vista puedo ver un grupo casi sinnúmero de pie detrás de mí. Reconozco algunos que no podía ver antes. Veo a los hermanos C y los hermanos V. Junto a ellos hay mucha gente que conozco de nombre, pero no he saludado personalmente. Hay otros que he saludado, pero no recuerdo sus nombres.
 
Cuando me dirijo a mi ángel, me dice que la hermana V debe ayudar a preparar este sueño. El ángel dice que cuando reciba el sueño, ella debe juntar a sus hijos y orar ante el altar familiar para que el Espíritu Santo le instruya qué debe escribir y cómo corregir el sueño. Cuando ella termine, debe devolvérmelo para que Becky y yo lo aprobemos.  Esto nos aliviará de una parte de la labor. La hermana V debe decirle al hermano S que se prepare para colocar este mensaje en mi sitio en el internet, porque debe cumplir con la fecha límite ordenada. El ángel me recuerda que el hermano S es quien tiene los medios para la comunicación. Se me instruye que los mensajes que Él envía son para su pueblo. El Gran Consejero observa todo lo que hace y protege sus mensajes para su pueblo. El hermano S debe saber que si en algún momento tiene un problema o necesita ayuda, se le ha dado el teléfono.
Ahora el ángel me dice que todavía queda mucho más para mostrarme. Todavía asiendo de mi mano derecha, salimos y volvemos al pasillo. Me dice, “Respira profundamente, porque lo que te voy a mostrar ahora es importante.”  Nuevamente atravesamos el lado del pasillo. Me encuentro parado afuera en un campo amplio mirando hacia arriba a algo que parece una pantalla de cine al aire libre. Está muy oscuro y no veo luna, pero sí muchas estrellas.
 
El ángel dice,  “De las cosas que se pueden estudiar, lo que te muestro ahora tiene la mayor importancia.”  Me sonríe e indica que mire la primera proyección. Veo lo que pudiera ser una película de la portada de una Biblia. Las letras grandes “SANTA BIBLIA” brillan doradas y debajo aparece en letras más pequeñas, “Versión King James”. La Biblia se abre a Éxodo 20. La proyección cambia y las palabras que deletrean la ley de Dios se destacan claras y muy fáciles de leer. El ángel sonríe y dice, “Esto es lo que Dios mismo escribió y es muy importante. Recuerda lo que dice.”
 
Sonriendo nuevamente me señala la siguiente proyección. Veo a Elena White sentada en una silla con una pluma de escribir en la mano. Es temprano en la mañana y todo está en silencio. Ella está rodeada de muchos, muchos, pero muchos ángeles. Jesús se apoya sobre una rodilla junto a ella y le instruye lo que debe escribir. El ángel se dirige hacia mí  y dice, “Comparte Apocalipsis 19:10.  [“Me postré a sus pies para adorarlo. Pero él me dijo: ¡No, cuidado!  Soy un siervo como tú y como tus hermanos que se mantienen fieles al testimonio de Jesús. ¡Adora sólo a Dios!  El testimonio de Jesús es el espíritu de profecía.”]  El ángel me señala la siguiente proyección. Es azul oscuro y veo las palabras, “Jesús viene. ¡Debes estar listo!” en letras de oro.
 
Nos volteamos y atravesamos el pasillo rápidamente. Ahora observo como ángeles señaladores marcan los sitios donde descansan muchos bebés, niños, ancianos y de otras edades. El ángel dice que esto es a causa de la misericordia de Dios, porque ellos no podrían soportar el tiempo de angustia. Él dice que no debemos sentir remordimiento, porque ellos duermen por muy poco tiempo antes de despertar para ver a Jesús venir en las nubes.  El ángel dice que ellos tomarán sus lugares como parte de la gran multitud.
 
Volteamos y caminamos rápidamente a través del pasillo. Regresamos al salón donde tuve el sueño llamado “Id adelante”. Nuevamente mi posición es la de un observador.  Escucho y observo mientras Jesús extiende su mano, nos señala y dice, “Éstos son.” Entonces Jesús se dirige a los ángeles que llevan los jarros y dice, “Vayan y derramen mi Espíritu.”
 
El ángel, todavía asiendo mi mano, se voltea y me guía rápidamente al pasillo. Pausa brevemente y me dice, “Presta mucha atención mientras seguimos mirando. Esto es importante y el pueblo debe comprenderlo.” Atravieso el lado del pasillo y entro a un salón grande. Parece ser el mismo cuarto del cual acabo de salir, porque veo que nuevamente todos estamos de pie allí. Pero ahora nos veo como vasijas vacías, esperando ser llenadas con lo que los ángeles llevan en sus jarros.
 
El ángel se dirige hacia mí, sonríe y dice, “Mira con mucha atención.” Ahora veo que todos estamos asquerosos, y que lo que los ángeles tienen no puede ser vertido en nosotros. Parece que tenemos lodo, grasa y otra basura adentro. Me dirijo al ángel y le digo, “No entiendo lo que me está mostrando. Yo pensaba que todos estábamos limpios.”
 
Todavía asiendo de mi mano, volteamos y nuevamente atravesamos el pasillo. No nos detenemos ni disminuimos la velocidad. Ahora estamos en otro cuarto. Veo al pastor Joe Crews sentado ante un escritorio escribiendo algo. Noto que el cuarto está lleno de santos ángeles. Veo a Jesús apoyado sobre una rodilla junto a él. Le está diciendo lo que debe escribir. El ángel dice, “Él está escribiendo Creeping Compromise [Concesión paulatina]. Esto es lo que ‘éstos son’ deben ser. Hace falta esta instrucción para perfeccionar el carácter de los que se esfuerzan por formar parte de los 144,000. Un repaso de este libro mostrará que los ángeles no pueden derramar su Espíritu en vasijas asquerosas. Aquéllos que desean sinceramente formar parte de los 144,000 deben limpiarse ahora—no mañana. Este libro, inspirado por Jesús, es el fundamento de lo que se debe hacer.”
 
El ángel detalla elementos del libro. Me habla de la moralidad en la vestimenta. Habla de la superabundancia de maquillaje. Explica acerca de las joyas y que no hay necesidad de usarlas. Dice que aun llevar el pequeño símbolo del matrimonio es una concesión pequeña, y que una cosa lleva a la otra. En el cielo no habrá matrimonio ni anillos. No nacimos con ellos. La mente será depurada de deseos y antojos, y la dieta consistirá de lo que Dios le dio de comer a Adán y Eva. Esto lo harán no porque quieren formar parte de los 144,000, sino por amor a Aquél que es del Gran Amor.”
 
Todavía asiendo de mi mano, el ángel y yo rápidamente atravesamos el pasillo hacia otro cuarto con espejos. El ángel me instruye, “Mira en el espejo y dime lo que ves.” Le contesto, “Me veo a mí mismo y a usted de pie junto a mí.”  Él me dice, “Eso está mal. Te llamas cristiano. Cuando te miras en un espejo no te debes ver a ti mismo. Debieras ver a Jesús. Si deseas llamarte cristiano, eso significa que deseas ser como Cristo. ¿Cómo puedes ser semejante a Cristo y no parecerte a él? Dices que deseas formar parte de los 144,000, pero ¿cómo lo lograrás si Cristo no te sostiene ante el Padre? Si te pareces a Cristo, caminas como Cristo y sonríes como Cristo, entonces podrás estar firme el día cuando Jesús no te pueda sostener ante el Padre. Cuando te mires en el espejo y veas una vasija limpia, sin asquerosidad, entonces recibirás la bendición que Jesús ha mandado que sea derramada.”
 
Me dirijo a mi ángel y le digo, “Me parece que hay tan pocos haciendo la obra de Dios.” Me sonríe y nuevamente noto los hoyuelos en sus mejillas. Volteamos y atravesamos el pasillo rápidamente hacia otro salón. Veo muchos ministros ungidos por Dios. Mi ángel me señala uno en particular.  Ahí veo al pastor Doug Batchelor. Noto que cuando camina, hay ángeles vestidos de mantos muy brillantes que van delante de él llevando lo que parecen ser lámparas que alumbran su camino. Otros ángeles a su redor llevan libros, otros le dan ánimo y dirigen sus pasos. Alrededor de él hay muchos ángeles más grandes vestidos de prendas de batalla. Rodean el grupo entero mientras se mueve adelante.  Afuera de este grupo hay muchos, muchos ángeles cuyos mantos están negros y sucios. Se ven se ven destrozados de la guerra y sus rostros no brillan. Observo que estos ángeles constantemente tratan de atacar al pastor Batchelor. Nuevamente, el ángel se dirige hacia mí y dice, “Dios tiene muchos obreros en distintas partes y distintos niveles.” Le pregunto, “¿Debo comunicarle al pastor Batchelor lo que acabo de ver?” Me sonríe y dice, “Es animador saber cómo el Padre lo cuida a uno. No necesitas hacerlo. Estoy seguro que él lo sabrá. Ambos caminan senderos paralelos y sus caminos se cruzarán.”  Me dirijo al ángel y le digo que me siento abrumado con la gravedad de las cosas que se me están mostrando.
 
Todavía asiendo de mi mano, regresamos al pasillo. Mi ángel me sonríe y dice, “Ustedes que forman ‘éstos son’ juntos constituyen Hliva.” Le pregunto cómo se deletrea. Le digo que no comprendo lo que me está tratando de decir a mí o a nosotros. Le digo que no me siento apto para la tarea que se me ha dado—que hay otros más adecuados para esto. Sonriendo nuevamente el ángel me explica, “Porque no comprendes, sabes. Si fueras a saber, no comprenderías. Todo el cielo conoce, como también toda la tierra, a quiénes Dios ha escogido. El enemigo los odia a ustedes que forman ‘éstos son’ y querrá detenerlos, pero el Padre prevalecerá.
 
Miro a mi ángel y le pregunto acerca de las huellas de los clavos en las manos de Jesús. Nuevamente el ángel y yo atravesamos el pasillo. Ahora me encuentro caminando junto a una corriente hermosa. Estoy a punto de maravillarme de la belleza de la escena, cuando volteo, porque oigo que llaman mi nombre celestial. Veo que Jesús se nos aproxima. Quiero correr hacia Él, pero no puedo porque el ángel me tiene fuertemente asido de la mano y no me suelta. Me dice, “Estás bajo mi custodio.”
 
Los tres comenzamos a conversar mientras caminamos a lo largo de la corriente. No siento deseos de mirar la belleza que lo hay allí. Sólo quiero mirar los ojos de Jesús. Lo observo y escucho lo que dice. Nos acercamos a un árbol y Él recoge un tipo de fruta. No me interesa verla. Sólo me atrae el mirar sus ojos. Extiende la fruta en la palma de su mano y yo la miro. Me dice, “Si eres fiel, verás donde yo di todo por ti.” Rápidamente miro a sus ojos. Me dice a mí y a todos los que sacrifiquen todo por Él como Él sacrificó todo por nosotros, “Si eres fiel, yo tomaré del fruto de este árbol, y Yo mismo lo pondré en tu boca.” Durante ese tiempo yo no miro el árbol ni el área alrededor. Sólo miro sus ojos. Oh, esos ojos. Se dirige a mi ángel y le dice, “Gracias.” Mi ángel hace reverencia inclinando la cabeza.
 
Ahora el ángel y yo regresamos al pasillo y me encuentro de pie en la cima de una montaña muy grande. Puedo ver a mucha distancia hacia el norte, sur, este y oeste. Me dirijo a mi ángel y él me dice, “Mira atentamente hacia el este.” Veo un cielo azul sin nube alguna. Entonces noto un objeto negro muy pequeño. Se aproxima a una velocidad increíble. Lo observo por unos segundos mientras la nube negra parece algo más grande que una pelota. Mi ángel se voltea y rápidamente nos encontramos en el pasillo. Me mira y dice, “Esto lo verás pronto.”
 
Parados en el pasillo, el ángel me suelta la mano derecha. Siento una separación que no puedo ni deseo sentir. Me ha tenido de la mano y ha estado conmigo a través de todo lo que he visto. Da un paso hacia atrás y de repente me sobrecoge un sentido de felicidad indescriptible. Mientras observo el ángel, que hasta ahora ha tenido la misma altura mía, crece a su estatura normal.  Observo mientras sus alas salen de su espalda y se desdoblan, desdoblan, y vuelven a desdoblarse y las estira. Noto que son curvas y me recuerdan de un halcón. Miro hacia arriba y le pregunto, “¿Son reales o simbólicas?”  Sonríe y esos hoyuelos suyos se notan aún más. Me contesta, “Eres  atrevido, ¿cierto?” Con una ondeada de sus alas inmensas sube altísimo en un instante. Me mira y dice, “Si permaneces fiel a tu Salvador, ya lo sabrás.” Entonces me da la sonrisa más grande de todas.
 
Al mirar hacia arriba, otro ángel aparece de detrás de él a la izquierda, entonces otro aparece a la derecha. Observo mientras muchos ángeles aparecen uno detrás del otro. Todos tienen un aspecto distinto. El lugar se llena de muchos, muchos, pero muchos ángeles. Miro mientras Jesús camina en medio de ellos y se me acerca. Me dice, “A aquéllos que forman ‘éstos son’, yo os tengo en la palma de mi mano y jamás os soltaré. He pagado muy caro por vosotros y sois míos. Velad, porque ¡ya voy!”
 
De repente, se torna muy, muy, pero muy brillante detrás de los ángeles y Jesús. Sé que si hay más resplandor no lo podré soportar. Entonces oigo la voz más melodiosa que suena como una catarata ensordecedora, como una corriente montañés y como un pequeño chorro de agua—todo a la vez.
 
La voz dice, “Cuando los veo, veo a mi Hijo. Cuando veo a mi Hijo, los veo a ustedes. Porque los que forman ‘éstos son’ constituyen mi pueblo. Estoy muy complacido. Los acepto a través de mi Hijo.”
 

 

Sólo hay un lugar donde quiero estar
por Ernie Knoll
18 de agosto de 2007
 

Anoche no le mencioné a Becky que me sentía desanimado a causa de algunas “flechas y dardos” que he recibido y que necesitaba ánimo y afirmación de parte de Dios respecto a mis sueños. Toda la tarde y aun después de acostarme había estado orando en silencio diciéndole a Dios cómo me sentía. Le rogaba que de alguna manera me afirmara de nuevo respecto a mis sueños. Sé que Dios me dio este sueño no sólo para mostrármelo a mí, sino a todo su pueblo.En mi sueño, Becky y yo estamos en una iglesia pequeña. Tiene un pasillo por el medio. Hay unas pocas ventanas y el cielo raso no es muy alto. Noto que los aparatos de alumbrado casi parecen pequeños candelabros. La iglesia tiene muy pocas bancas vacías. Sólo hay tres hombres en la plataforma. Sé que dos son ancianos, y el que se sienta en el medio es el pastor. El pastor es un hombre de edad avanzada, no muy alto, pero con siempre está sonriendo y lo rodea una atmósfera de paz. En la pared detrás de los tres hombres hay una pintura de Cristo cuando estaba de rodillas en el Getsemaní.Uno de los ancianos se pone de pie para presentar una música especial, el hermano D y la hermana M. Los observo mientras caminan hacia el piano. El hermano D viste traje completamente blanco, con una camisa blanca y corbata blanca. La hermana M lleva un vestido a la antigua, largo, blanco, con mangas largas.El hermano D habla a la congregación. Comienza diciendo que a veces todos nos sentimos como si estuviésemos caminando en la playa solos. A veces todos nos sentimos como si estuviésemos caminado solos por un sendero rústico. A veces todos nos sentimos como si estuviésemos solos, escalando una montaña a lo largo de un sendero rocoso. La hermana M dice que aunque luchamos en nuestros pensamientos y nos desanimemos cuando nos lanzan palabras crueles, cuando nos señalen con el dedo y digan chismes acerca de nosotros…el hermano D dice que todos tenemos un camino que andar, un sendero rocoso que escalar. La hermana M dice que todos podemos escuchar cuando dicen palabras airadas y se difunden chismes dañinos. Entonces el hermano D dice que sólo hay un lugar donde debemos estar.

Ahora la hermana M invita a la congregación a tomar el himnario que está en la banca y que lean mientras todos nos esforzamos por estar “Más cerca, oh Dios, de ti”. Cuando el hermano D comienza a tocar el piano y la hermana M el violín, una reverencia silenciosa se siente en el santuario. Muchos toman el himnario y leen mientras ellos tocan. Cuando comienzan la segunda estrofa, muchos silenciosamente cierran el himnario y lo devuelven a la banca. Entonces se arrodillan en oración mientras la música continúa. Muchos que luchan con su condición con Dios lloran mientras oran.

MÁS CERCA, OH DIOS, DE TI
Más cerca, oh Dios, de ti quiero morar
Aunque sobre una cruz me hayan de alzar.
Entonaré allí este himno con fervor
Más cerca, oh Dios, de ti, más cerca, sí.

Si cual viajero voy con ansiedad,
Medroso al ver cerrar la oscuridad,
Aun en mi soñar me harás sentir que estoy
Más cerca, oh Dios, de ti, más cerca, sí.

Después, al despertar, a ti por fe
De mi aflicción altar elevaré;
Y cuanto sufro aquí me hará sentir que estoy
Más cerca, oh Dios, de ti, más cerca, sí.

Camino encuentro aquí que al cielo va,
Pues sé que allí tu amor me sostendrá.
Cercano sentiré el ángel del Señor,
Más cerca, oh Dios, de ti, más cerca, sí.

Y cuando a tu mansión me llevarás,
Y estrellas, luna y sol yo deje atrás,
Gozoso entonaré canción eterna allí:
Más cerca, oh Dios, de ti, más cerca, sí.
 

Dos sendas
por Ernie Knoll
21 de agosto de 2007
 

[Aunque el motivo de este sueño es para la circunstancia de un individuo en particular y es una respuesta a oración, servirá de beneficio a otros también. Todos tenemos que escoger entre este mundo y el Señor, aunque se comprometa la familia.]En mi sueño, tengo varios hijos. Veo una balanza. Al lado izquierdo de la balanza están mis hijos, y al lado izquierdo hay una tablilla con sujetapapeles. Muchos ángeles rodean a mis hijos, algunos con las manos sobre los hombros de los niños. Muchos ángeles rodean la tablilla con sujetapapeles, pero estos ángeles son distintos. Algunos sujetan libros, otros tienen alas ardientes, y otros cargan espadas y escudos.Miro a mis hijos, a quienes amo más que ninguna otra cosa, y luego a la tablilla con sujetapapeles. Es transparente, como vidrio claro sin nada encima. Sé que debo escoger entre mis hijos y la tablilla con sujetapapeles. Yo amo y deseo a mis hijos, pero me doy cuenta que debo tener fe y escoger la tablilla con sujetapapeles, seguro que mis hijos van a estar a salvo.Por encima del armazón de la balanza, veo un estandarte pequeño que tiene un rótulo incrustado en oro. Dice, “Deuteronomio 30:19.” [“Hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ti, de que te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes.”]

Levanto la tablilla con sujetapapeles. Ahora que he elegido la tablilla con sujetapapeles, veo una escritura centrada en la parte superior que dice en letras mayúsculas de oro: “PARA SU PUEBLO.” Hacia la izquierda aparece un renglón de letras pequeñas plateadas que dice, “Josué 24:15.” [“Pero si a ustedes les parece mal servir al Señor, elijan ustedes mismos a quiénes van a servir: a los dioses que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Éufrates, o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ustedes ahora habitan. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor.”] Cuando volteo la tablilla s