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Y será predicado este evangelio
del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y
entonces vendrá el fin. Mateo 24:14
Espero que estas predicaciones sean de gran bendición para ti
y para todos los que te rodean.
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Pr. Saúl
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VI
Congreso Chillan 2006 -
Diversas
Predicaciones
Sueños de Ernie Knoll
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Los Sueños de Ernie Knoll (2005-Tiempo
presente)
Ultimo sueño: 25 de Mayo de 2008
- "La Cruz" |
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Ernie Knoll y su esposa Becky.
Ernie Knoll es un anciano en la Iglesia Adventista del
Séptimo Día en Brownsville, CA. Actualmente es la persona
quién Dios eligió para llevar a los Adventistas del Séptimo
Día sinceros los detalles de las últimas cosas que deben
ocurrir pronto en el mundo, así como para darnos ánimos de
no perder nuestra vista en Jesús. Doy gracias a Dios que soy
un medio por el cual muchos hermanos más puedan saber acerca
de estos sueños y obtengan confianza y firmeza en la fe al
leer la serie de sueños que el hermano Ernie Knoll está
teniendo.
Ya es tiempo hermanos! El momento decisivo es este. ¿Serás
tú quién a pesar de la persecución te mantendrás firme en la
fe de nuestro Creador y Redentor Jesucristo ? Ojalá que si.
Nos vemos en el cielo !!
Página de Ernie Knoll :
http://www.4hispeople.com/ y en español:
http://www.4hispeople.com/spanish/dreams/dreams.html |
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A la mesa
por Ernie Knoll
Primavera de 2005
Mateo 26:29 "Les digo que no beberé de este fruto de la vid
desde ahora en adelante, hasta el día en que beba con
ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre."
*Este sueño está en el futuro, después de que Jesús haya
regresado a la tierra para llevar a sus hijos al hogar.
En mi sueño me encuentro reclinando[1] de
lado ante una mesa muy, pero muy larga.[2]
Miro al otro lado de la mesa y reconozco miembros de mi
familia.[3] Conversamos y nos reímos.[4]
Cuando miro hacia la derecha y la izquierda, puedo ver
individuos de distintos tamaños. Algunos son muy altos.[5]
Ahora veo que el sitio donde estoy reclinado tiene mi nombre
nuevo[6] grabado en símbolos de oro
reluciente que describen mi carácter.[7]
Mientras lo miro mi mente repite, “Eso me describe a mí; eso
me describe a mí.”
Entonces miro hacia arriba y veo lo que parecen ser aves
largas, iridiscentes, volando por el aire, pero no veo que
tengan alas. Cantan un canto hermoso cuatro notas a la vez.
Ha pasado bastante tiempo a la mesa, pero no hay ningún
sentido de urgencia. Mientras esperamos ser servidos, nos
maravilla la gran variedad de alimentos.[8]
También noto que mi ángel[9] guardián está
de pie detrás de mí. Es alto y lleva un manto blanco que
parece niebla seca. Su parecer es muy noble y sonríe con
amabilidad y ternura. Frecuentemente converso con él. Casi
quiero llorar y pedir disculpas por todas las cosas que hice
en la tierra, como le hice pasar por tanto al cuidarme y por
todas las veces que me vio pecar.[10] Con
voz suave me dice que no debo preocuparme ni mencionar nada
sobre eso, porque está en el pasado.[11]
Me dice que Jesús, el gran Anfitrión, hubiera hecho todo[12]
lo necesario para traerme a la mesa y servirme.
-
The Day Star (La Estrella matutina), 24 de enero de 1846
"Gritamos, ¡Aleluya! ¡Gloria! y entramos en la ciudad.
Vi una mesa de plata pura. Aunque era muchas millas de
largo, nuestros ojos podían ver su extensión… Todos nos
reclinamos a la mesa." [Trad.]
-
Lucas 22:29-30 "Por eso, yo mismo les concede un reino,
así como mi Padre me lo concedió a mí, para que coman y
beban a mi mesa en mi reino, y se sienten en tronos para
juzgar a las doce tribus de Israel."
-
Apocalipsis 19:9 "El ángel me dijo: <<Escribe:
‘¡Dichosos los que han sido convidados a la cena de las
bodas del Cordero!’>>"
-
Isaías 35:10 "Y volverán los rescatados por el Señor, y
entrarán en Sión con cantos de alegría, coronados de una
alegría eterna. Los alcanzarán la alegría y el regocijo,
y se alejarán la tristeza y el gemido."
-
Génesis 6:4 "A partir de entonces hubo gigantes en la
tierra."
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Apocalipsis 2:17 "El que tenga oídos, que oiga lo que el
Espíritu dice a las Iglesias. Al que salga vencedor le
daré del maná Escondido, y le daré también una
piedrecita blanca en la que está escrito un nombre nuevo
que sólo conoce el que lo recibe."
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La Conducción del niño, p. 147 "Un carácter formado
conforme a la semejanza divina es el único tesoro que
podemos llevar de este mundo al venidero."
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Primeros escritos, p. 19 "Y vi el fruto del árbol de la
vida, el maná, almendras, higos, granadas, uvas, y
muchas otras clases de fruta."
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Salmo 91:11 "Porque él ordenará que sus ángeles te
cuiden en todos tus caminos."
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1 Juan 2:1-2 "Mis queridos hijos, les escribo estas
cosas para que no pequen. Pero si alguna peca, tenemos
ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo.
Él es el sacrificio por el perdón de nuestros pecados, y
no sólo por los nuestros sino por los de todo el mundo."
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Hebreos 10:16-17 "Éste es el pacto que haré con ellos
después de aquel tiempo –dice el Señor–: Pondré mis
leyes en su corazón, y las escribiré en su mente.
Después añade, –Y nunca más me acordaré de sus pecados y
maldades.–"
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Juan 3:16 "Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su
Hijo unigénito, para que todo el que crea en él tenga
vida eterna."
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La sábana blanca
por Ernie Knoll
Primavera de 2005
En mi sueño estoy con algunas personas conocidas
y con varios que no reconozco. Llegamos a la
entrada de una cueva en una altura de la
cordillera Sierra Nevada. Mientras varios
hombres se quedan fuera de la entrada de la
cueva mirando hacia el valle abajo, los demás
entran en la cueva.
De repente hay un terremoto. La cueva no se
mueve, pero se derrumba la parte de la colina
que acabamos de subir para llegar a la entrada
de la cueva. Miramos hacia abajo desde el borde
de la cueva y lo que vemos es una pared
vertical. Nos damos cuenta que no podemos bajar
y que nadie puede subir. Ahora todos entran a la
cueva.
Noto que en la cima de una montaña lejana hay
algo que parece un jaguar negro. Otros hombres y
yo vemos como esa criatura da un salto a través
del aire y cae justamente encima de la entrada
de la cueva. Ahora me doy cuenta que es una
criatura de aspecto pasmoso. Su piel es negra y
seca. Me mira y me sisea. Sus dientes son largos
y babea. Dice, "¡Te odio! ¡Te voy a matar!"
Entonces se lanza hacia mí y me derriba al
suelo. Al caer, tapo mi espalda con una cobija
blanca y gruesa que parece una luz espesa, un
vapor seco. La criatura presiona mi hombro
izquierdo hacia el suelo para inmovilizarme. De
reojo puedo ver su mano derecha. Tiene uñas
largas. Me repite, "¡Te odio con todo mi ser!
¡Te voy a matar!" Arroja su mano derecha contra
mi espalda para apuñalarme con sus uñas. Pero
cuando lo hace, no siento nada. La cobija blanca
me protege. Después de varios golpes veo que la
cobija blanca se alza de mi espalda, le pega
fuertemente y lo despacha. Él cae al valle y yo
me despierto del sueño.
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Un cuadro del cielo y
un mensaje para el pueblo de Dios
por Ernie Knoll
10 de diciembre de 2006
En mi sueño, estaba de pie al lado derecho de un
templo muy grande[1]. El piso
estaba en declive gradual hacia una plataforma
grande al frente. El techo ascendía
gradualmente hacia la parte delantera del
templo. Noté una Persona muy alta en la
plataforma. Llevaba un manto blanco muy
brillante[2] que parece ser de
vapor seco con pliegues y campanitas pequeñas en
el borde. Inmediatamente me di cuenta que era
Jesús.
Yo estaba parado, con muchos otros, porque no
hay asientos. Mientras miro hacia una pantalla
grande de vídeo, Jesús habla acerca de lo que
estoy viendo. La pantalla parece una gran lámina
de cristal que se extiende desde un lado de la
plataforma hasta el otro, y se dobla hacia atrás
en las puntas. Aunque estuve parado allí mucho
tiempo, no me canso. Al mirar y escuchar,
pensaba, “Sí, todo esto es correcto[3]
y lo explica todo.”
Entonces me di vuelta para mirar hacia el grupo
grande de personas y ví que todos estaban de pie
en hileras perfectas que formaban un cuadrado
perfecto[4]. Fue entonces que
me di cuenta que todos estaban viendo un vídeo
distinto en la misma pantalla, y Jesús, el Gran
Instructor[5], estaba
explicándolo simultáneamente a cada persona.
Al darme vuelta para salir, anduve por una fila
entre las personas y percibí la facilidad con
que subía hacia la parte trasera del templo.
Una vez atrás, salí al vestíbulo grande donde
había muchas personas conversando. Al salir del
templo, había una apertura, pero no recuerdo
haber visto una puerta[6].
También comprendí que sólo ciertos individuos
podían entrar a este templo.
Ahora estaba afuera y podía ver que había muchos
edificios[7] de distintos
tamaños rodeados de una variedad de plantas y
árboles. Miré hacia abajo y el suelo me
maravilló. Era de un oro claro, transparente[8]
inclinado y grueso, pero yo podía ver hacia el
fondo.
Me asombran la belleza y el tamaño de todo—los
colores vivos, como todo se ve nuevo y limpio.
Me doy cuenta que el área que estoy viendo es
sólo una parte pequeña en comparación al resto
del cielo.
Entonces vi muchos, pero muchos ángeles
conversando con la gente. Algunos tenían bebés
en sus brazos, y otros tenían a niños pequeños
de la mano. Vi a muchos niños corriendo y
jugando, e individuos de distintos tamaños
parados, conversando y riendo.
Al caminar por una cuesta pequeña noté que el
manto que yo llevaba puesto se parecía al del
Gran Instructor, pero no era tan blanco ni tenía
campanillas. No sentía calor ni frío, sino que
estaba perfectamente cómodo[9].
Entonces vi a Jesús con grupos de personas que
le escuchaban. Ellos eran de distintos tamaños[10],
y todos estaban felices, sonriendo o riendo.
A lo lejos escuchaba el sonido de agua corriente[11]
y el murmullo de aves. Al verlos volar, noté que
eran de distintas formas.
También me di cuenta que dondequiera que
caminaba oía música suave y apacible[12].
Era distinta a cualquiera que jamás haya
escuchado en la Tierra, aún más bella que la
música de la iglesia.
Al caminar hacia la izquierda vi una muralla
grande[13] con una apertura y
me di cuenta que éste no era el fin de la
muralla, sino el medio. La apertura tiene una
columna de grandes dimensiones. Es muy alta y de
una sustancia transparente. Encima tiene una
viga grande y ancha que se extiende a una gran
distancia hasta la siguiente columna. Entre las
columnas hay una muralla difícil de describir.
Es maciza y ancha con distintos colores de
piedras o cristales que brillan con belleza.
En la apertura de la muralla vi un guardia muy
grande vestido de un manto con cintos. En su
mano izquierda tenía como una tabla grande de
cristal en la cual aparecían datos
constantemente. En la mano derecha sostenía lo
que parecía una gran espada o cetro que se
extendía sobre su hombro izquierdo. Al pasarlo
para salir, me miró y me sonrió. No dijo nada,
pero capté que estaba pensando, “Tienes derecho
absoluto[14] de entrar y
salir, viajar y regresar cuando quieras.” Al
salir pasé muchos otros que entraban. Noté que
la ciudad está ubicada encima de una gran colina[15].
Al mirar hacia el valle podía ver una gran
extensión de hierba, flores, praderas, y
bosques. El valle seguía y seguía, más allá de
lo que puedo ver. Me di cuenta que allí vivía
mucha, pero mucha gente[16].
Al caminar a lo largo de un sendero, vi a muchos
otros que entraban a la ciudad.
Entonces sonreí, extendí mis brazos, y sentí que
dejaba el suelo y comenzaba a subir al aire.
Miré hacia abajo y vi a la gente saludando y
llamándome. Yo les grité y saludé. Fue entonces
que me di cuenta que yo no estaba volando[17]
con los brazos. Al seguir subiendo más alto,
admiraba el valle hermoso con su hierba verde[18]
que se meneaba en la brisa, casi como si
estuviera en una corriente del mar.
Aunque estaba a unos 100 metros sobre la gente
que había visto en el sendero, podía oler el
aroma de flores, hierba, y árboles. De repente
sentí como si una brisa fuerte me llevara
rápidamente más alto. Estaba a unos 300 metros
de altura. Al mirar hacia abajo otra vez, vi que
la gente formaba como si fuera un sendero largo
de joyas hermosas[19] que
seguía junto a la gran muralla y hacia el valle.
Volví a mirar hacia la muralla y me sorprendió
cuán lejos sigue y cuan perfectamente derecha
es. Noté también algo que parece una cortina
muy grande que cuelga entre las columnas y se
mueve con el aire. A lo lejos vi, en el medio
de la gran ciudad, una ciudad grande situaba
encima de una gran colina y rodeada por una gran
extensión de parques. En el medio de la ciudad
dentro de la ciudad, noté una rotonda en el
centro de un edificio grande. Es difícil
describir la arquitectura. Es el edificio más
bello de todos. La rotonda es de oro puro, claro
como el cristal. Emite una luz que hace que todo
sea luminoso. No hay sombras ni sol[20].
Entonces me pareció que había subido demasiado,
debía descender. Di una vuelta ancha y me hallé
sobre el valle inmenso, donde puedo ver mejor la
gran muralla. No pude divisar su fin ni a la
derecha ni a la izquierda.
Al volar de regreso, todavía entraba gente a la
ciudad. El guardia me miró como diciendo,
“Bienvenido a casa.” Al acercarme para
aterrizar, mi cuerpo hizo una rotación y mis
pies tocaron el suelo suavemente. Comencé a
ascender una pequeña cuesta para regresar al
templo, y pienso cuán fácil es el ascenso.
Entonces divisé a Jesús que se apartaba de un
grupo de personas con quienes había estado
conversando. Al caminar es como si todo y todos
lo reconociesen como el Creador[21]
del universo. Nos encontramos y comenzamos a
comentar acerca de las cosas que había visto y
experimentado. Él se ríe y sonríe mucho. Noté
que su cabello es un blanco brillante[22].
No tiene raya en el cabello, sino que va hacia
atrás y cae en rizos sobre sus hombros. Su piel
parece bronceada del sol[23].
No noté el color de sus ojos, sólo el amor sin
límites, amor de los amores[24]. Todo lo que vi en el cielo no es nada en
comparación a lo que vi en los ojos de Jesús.
Ambos caminamos y conversamos juntos un buen
rato. Una de las cosas de las cuales hablamos
era cuán hermosa era la música que escuché en el
cielo. Le dije que era distinta a cualquier
cosa que jamás haya escuchado en nuestros cultos
de adoración en la Tierra. Le pregunté si a Él
le gustaba la música y los cultos de adoración
que tenemos. Me respondió, “Ahí está el
problema. Son sus cultos de adoración, no los
míos.” Dijo que alguna música que tenemos no fue
inspirada ni por Él, ni por el Padre, ni el
Santo Espíritu, sino por otro espíritu distinto.
Entonces me dijo que Él le había instruido a su
profetiza, Elena de White, que escribiera acerca
de nuestros cultos de adoración. Hay veces
cuando creemos que estamos adorando a Dios, pero
en realidad estamos adorando a Satanás. Una
parte de esto se encuentra en Primeros escritos,
páginas 54-56, como sigue:
“Vi un trono, sobre él se sentaban el Padre y el
Hijo. … Entonces Jesús soplaba sobre ellos el
Espíritu Santo. En ese aliento había luz, poder
y mucho amor, gozo y paz. Vi al Padre
levantarse del trono… Me di vuelta para mirar la
compañía que seguía postrada delante del trono.
No sabía que Jesús la había dejado. Satanás
parecía estar al lado del trono, procurando
llevar adelante la obra de Dios. Vi a la
compañía alzar las miradas hacia el trono, y
orar: ‘Padre, danos tu Espíritu.’ Satanás
soplaba entonces sobre ella una influencia
impía; en ella había luz y mucho poder, pero
nada de dulce amor, gozo ni paz. El objeto de
Satanás era mantenerla engañada, arrastrarla
hacia atrás y seducir a los hijos de Dios.”
Para ayudarme a comprender la santidad y
reverencia que Dios merece, Jesús me explicó que
junto al trono de su Padre hay ángeles con seis
alas, llamados serafines. Entonces me mostró
Isaías 6:2,3 donde dice: “Por encima de él había
serafines; cada uno de los cuales tenía seis
alas: con dos de ellas se cubrían el rostro, con
dos se cubrían los pies, y con dos volaban. Y se
decían el uno al otro: «Santo, santo, santo es
el SEÑOR Todopoderoso; toda la tierra está llena
de su gloria.»
Con respecto al estilo de música en nuestros
cultos de adoración, Jesús me explicó que lo que
llamamos música de alabanza y el rock cristiano
son una abominación para Él y el Padre. Me
explicó que comenzamos nuestros cultos de
adoración pidiendo que venga el Espíritu Santo.
¿Cómo creemos que ellos van a estar en algo que
Dios considera una abominación? Él me explicó
que los coritos de alabanza no son más que
repetición, un instrumento de adoración
cuidadosamente diseñado por Satanás mismo.
¿Cuán malo será llevar la música popular del
mundo al templo de nuestro cuerpo? ¿Cuánto peor
será introducirla al templo santo de Dios?
Jesús y yo seguimos caminando y conversando
juntos. Hablamos de muchas otras cosas. Después
de un rato, se detuvo y me sonrío con una
sonrisa que me dio paz y seguridad. A la vez me
habló con autoridad, diciendo que debía
despertar y compartir[25] las
cosas que había visto. Me dijo, “Diles que no se
enreden en las cosas insignificantes[26]
de este mundo.” Entonces Jesús me dijo que van
a suceder cosas terribles, terribles, terribles[27],
pero que estas cosas tienen que pasar.
Me instruyó que no debía preocuparme y que
supiera que Él iba a estar presente para
ayudarnos[28] en todas
nuestras pruebas. Sólo tenemos que pedir
ángeles, y vendrán para ayudarnos. No debemos
preocuparnos ni por hoy ni por mañana, porque Él
viene. Me sonrió y me dijo, “Diles que ¡Ya
voy”! Jesús me habló muy explícitamente que no
estaba diciendo, “Vengo en breve.” Él dijo que
ese tiempo ya pasó. El decir “Vengo en breve” es
como decir en algún momento futuro. Estamos al
final[29] del sendero. Cuando
me desperté de este sueño, me di cuenta que
aunque oigamos de guerras y rumores de guerras,
creo que Dios quiere que tornemos nuestros ojos
y corazones hacia una tierra mejor. Estamos tan
distraídos con los problemas acá que nos
olvidamos de lo que nos espera allá.
A propósito, durante dos semanas después de
tener este sueño, no relaté el final—la parte
más importante del sueño cuando Jesús habló
conmigo. Temía lo que otros me fueran a decir.
Pero entonces me era difícil dormir de noche y
una vocecilla me repetía que debía compartir el
final del sueño. Becky comenzó a notar que algo
andaba mal y me preguntó si había algo más que
yo no le había relatado. Con lágrimas comencé a
relatarle el final del sueño. Decidimos que si
Jesús había dicho que debía compartir el sueño,
que no quedaba más remedio que compartirlo. Y no
nos ha pesado hacerlo.
-
Apocalipsis 7:15 Por eso están delante del
trono de Dios, y día y noche le sirven en su
templo; y el que está sentado en el trono
morará entre ellos.
-
Mateo 17:1-2 Seis días después, Jesús tomó
consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan el
hermano de Jacobo, y los llevó aparte, a una
montaña alta. Allí se transfiguró en
presencia de ellos; su rostro resplandeció
como el sol, y su ropa se volvió blanca como
la luz.
-
1 Corintios 6:3 ¿No saben que aun a los
ángeles los juzgaremos? ¡Cuánto más los
asuntos de esta vida!
-
Primeros escritos, p. 16 “En el mar de
vidrio, los 144,000 formaban un cuadrado
perfecto.”
-
El Educador cristiano, 1º de agosto de 1897
“En Cristo la deidad era representada. Él
era el gran Instructor en la filosofía
divina.” [Trad.]
-
Juan 20:19Al atardecer de aquel primer día
de la semana, estando reunidos los
discípulos a puerta cerrada por temor a los
judíos, entró Jesús y, poniéndose en medio
de ellos, los saludó. «¡La paz sea con
ustedes!»
-
Juan 14:2 En el hogar de mi Padre hay muchas
viviendas; si no fuera así, ya se lo habría
dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar.
-
Apocalipsis 21:21 Las doce puertas eran doce
perlas, y cada puerta estaba hecha de una
sola perla. La calle principal de la ciudad
era de oro puro, como cristal transparente.
-
El Espíritu de profecía, tomo 1, p. 49
“Con humildad y una tristeza inefable, Adán
y Eva abandonaron el jardín hermoso donde
habían sido tan felices hasta que
desobedecieron el mandato de Dios. La
atmósfera había cambiado. Ya no era
constante como lo era antes de la
transgresión. Dios los vistió con ropas de
pieles para protegerlos del sentido de frío,
y después del calor al cual fueron
expuestos.” [Trad.]
-
Génesis 6:4 Había gigantes en la tierra en
aquellos días.
-
Apocalipsis 22:1 Luego el ángel me mostró un
río de agua de vida, claro como el cristal,
que salía del trono de Dios y del Cordero.
-
Joyas de los testimonios, tomo 1, p. 46
“Se me ha mostrado el orden perfecto del
cielo, y he quedado arrobada al escuchar la
música perfecta que se oye allí. Después de
salir de la visión, el canto terrenal me
pareció muy áspero y discordante. He visto
compañías de ángeles dispuestos en cuadros,
cada uno con un arpa de oro. … Hay un ángel
que siempre guía, que toca primero el arpa y
da el tono; luego todos se unen para
producir la rica y perfecta música del
cielo. Es indescriptible esa melodía
celestial y divina, que vibra mientras todo
rostro refleja la imagen de Jesús, cuya
gloria resplandece con brillo inefable.”
-
Apocalipsis 21:17 Midió también la muralla,
y tenía sesenta y cinco metros, según las
medidas humanas que el ángel empleaba.
-
Primeros escritos, p. 17 “Jesús levantó su
brazo potente y glorioso y, posándolo en la
perlina puerta la hizo girar sobre sus
relucientes goznes y nos dijo: «En mi sangre
lavasteis vuestras ropas y estuvisteis
firmes en mi verdad. Entrad». Todos
entramos, con el sentimiento de que teníamos
perfecto derecho a estar en la ciudad.”
-
Apocalipsis 21:10 Me llevó en el Espíritu a
una montaña grande y elevada, y me mostró la
ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del
cielo, procedente de Dios.
-
Apocalipsis 7:9 Después de esto miré, y
apareció una gran multitud tomada de todas
naciones, tribus, pueblos y lenguas; era tan
grande que nadie podía contarla. Estaban de
pie delante del trono y del Cordero,
vestidos de túnicas blancas y con ramas de
palma en la mano.
-
Primeros escritos, p. 19 “Los pequeñuelos
trepaban por los montes o, si lo preferían,
usaban sus alitas para volar hasta la cumbre
de ellos y recoger inmarcesibles flores.
-
Primeros escritos, p. 18 “Después vi un
campo de alta hierba, cuyo hermosísimo
aspecto causaba admiración. Era de color
verde vivo, y tenía reflejos de plata y oro
al ondular gallardamente para gloria del Rey
Jesús.
-
Malaquías 3:17 El día que yo actúe ellos
serán mi propiedad exclusiva—dice el
Todopoderoso—. Tendré compasión de ellos,
como se compadece un hombre del hijo que le
sirve.
-
Apocalipsis 21:23 La ciudad no necesita ni
sol ni luna que la alumbren, porque la
gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es
su lumbrera.
-
Colosenses 1:16-17 Porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas en el cielo y
en la tierra, visibles e invisibles, sean
tronos, poderes, principados o autoridades:
todo ha sido creado por medio de él y para
él. Él es anterior a todas las cosas, que
por medio de él forman un todo coherente.
-
Daniel 7:9 Mientras yo observaba esto, se
colocaron unos tronos, y tomó asiento un
venerable Anciano. Su ropa era blanca como
la nieve, y su cabello, blanco como la lana.
Su trono con sus ruedas centelleaban como el
fuego.
-
Apocalipsis 1:15 Sus pies parecían bronce al
rojo vivo en un horno, y su voz era tan
fuerte como el estruendo de una catarata.
-
1 Juan 4:16 Y nosotros hemos llegado a saber
y creer que Dios nos ama. Dios es amor. El
que permanece en amor, permanece en Dios, y
Dios en él.
-
Apocalipsis 1:10-11 En el día del Señor vino
sobre mí el Espíritu, y oí detrás de mí una
voz fuerte, como de trompeta, que decía:
«Escribe en un libro lo que veas y envíalo a
las siete iglesias.» Primeros escritos, p.
19 “Y añadió: «Debes volver de nuevo a la
tierra y referir a otros lo que se te ha
revelado.»
-
Lucas 12:29-31 Así que no se afanen por lo
que han de comer o beber; dejen de
atormentarse. El mundo pagano anda tras
todas estas cosas, pero el Padre sabe que
ustedes las necesitan. Ustedes, por el
contrario, busquen el reino de Dios, y estas
cosas les serán añadidas.
-
Daniel 12:1 Entonces se levantará Miguel, el
gran príncipe protector de tu pueblo. Habrá
un período de angustia, como no lo ha habido
jamás desde que las naciones existen. Serán
salvados los de tu pueblo, cuyo nombre se
halla anotado en el libro.
-
Salmo 27:5 Porque en el día de la aflicción
él me resguardará en su morada; al amparo de
su tabernáculo me protegerá, y me pondrá en
alto, sobre una roca.
-
Lucas 21:36 Estén siempre vigilantes, y oren
para que puedan escapar de todo lo que está
por suceder, y presentarse delante del Hijo
del hombre.
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El viejo portón gris
por Ernie Knoll
Febrero de 2007
En mi sueño, me encuentro delante de un portón
viejo de madera con alambre de púas a la derecha
y a la izquierda. Estoy delante del portón sin
poder pasar al otro lado. Detrás de mí hay mucha
gente esperando pasar, pero el portón no lo
permite. (Me doy cuenta que el portón no es un
objeto inanimado.) El aire de este lado de la
cerca es caliente y seco de olor rancio. De
repente, la cerca, (no el suelo) comienza a
temblar. Tiembla tan fuerte que el portón se
desprende de sus bisagras del lado izquierdo de
la cerca y cae al suelo destrozado. Entonces
podemos avanzar y atravesar la apertura en la
cerca y hacia la hierba fresca y verde que crece
al otro lado. Ahora el aire se siente fresco y
puro, y huele a hierba tierna.
|
Un susurro apacible y delicado
Febrero de 2007
(Esto no fue un sueño)
Ahora sabemos por qué Becky fue impresionada a
seleccionar Atlanta para hacer escala en nuestro
viaje a Tennessee.
Cuando llegamos a Atlanta, nos tocó esperar dos
horas. Decidimos caminar un poco. Cuando
llegamos a nuestra puerta de embarque, B30, aún
nos quedaban 45 minutos hasta la hora de
partida. Becky se sentó a descansar. Yo me sentí
impresionado a caminar más, así que me dirigí
hacia el otro extremo del terminal. Al
aproximarme al punto medio, noté un mostrador
Delta de servicios para los viajeros donde había
cuatro damas sentadas. Al acercarme escuché una
voz silenciosa que me dijo, “Ve y habla con la
representante”. Mentalmente estaba incierto
sobre cuál de ellas sería. Nuevamente la voz me
dijo, “Ve y habla con la representante”. Me
preguntaba qué debía decir. Una tercera vez la
voz dijo, “Ve y habla con la representante”.
Ya que no sabía si esto era verdadero o no,
caminé en silencio más allá de las
representantes hasta el fin del terminal. Pensé,
“¿Habrá sido mi imaginación, o será que de veras
escuché una voz? Llegué a B1, me di vuelta y me
dirigí de nuevo hacia B30. Al aproximarme
nuevamente al mostrador Delta de servicios para
los viajeros, una voz repitió, “Ve y habla con
la representante”. Nuevamente me pregunté cuál
de ellas. Escuché, “Ve, y te tocará la
indicada”. Pensé, “Déjame ir a buscar nuestros
pasajes de donde Becky”. Me pareció que eso era
acertado. Entonces oí, “Pero, APÚRATE”. Caminé
rápidamente para buscar nuestros pasajes y le
dije a Becky que tenía que hacer algo y que ya
regresaba.
Regresé rápidamente al mostrador e hice cola.
Delante de mí había dos personas. Nuevamente
dudé cuál sería, ya que había cuatro
representantes. La voz dijo, “Espera que te
llamen”. Noté que no había nadie detrás de mí.
Unos dos minutos más tarde, me vi caminando
hacia la representante del extremo izquierdo. Me
pregunté, “¿Qué será lo que debo decir?” La
respuesta fue, “Yo te daré las palabras”.
Me acerqué a la representante y ella me saludó.
Le dije, “Voy de regreso a Sacramento. Me
invitaron a hablar de un sueño que tuve”. Me
miró un poco extrañada y me preguntó, “¿Se
trataba del cielo?” La miré y como único puedo
describirlo es de esta manera: Mi boca estaba en
marcha, pero mi mente estaba en punto neutral.
Le respondí, “Sí, nos invitaron a mi esposa y a
mí para hablar acerca de un sueño que tuve
acerca del cielo”. Ella dijo, “Yo creo en los
sueños”. Le dije que si me daba su correo
electrónico, yo le enviaría una copia del sueño.
Entonces me dijo que había estado orando todo el
día. Necesitaba hablar con un pastor, porque a
su hija le habían diagnosticado un cáncer
terminal. Le dije que me escribiera el nombre de
su hija y que muchos orarían por ella. Comenzó a
llorar y exclamó, “¡Gloria a Dios! ¡Gloria a
Dios!”
Las dos representantes a su derecha también
comenzaron a llorar, pues habían oído nuestra
conversación y conocían la situación de su hija.
Entonces la representante me preguntó en qué
podía servirme. Para aligerar la situación, le
dije que podía darme un asiento en primera
clase. Entonces alcancé por encima del mostrador
y la tomé de la mano. Le dije, “Elizabeth, Jesús
viene y Dios ha oído tu petición por un
ministro. Si es la voluntad de Dios, tu hija
será sanada”.
He aquí un mensaje electrónico que llegó de
Elizabeth algunas semanas más tarde:
“¡¡¡Cuánto agradezco sus oraciones!!! Nuestra
familia ha sufrido de enfermedades y yo estoy
agotada de trabajar en dos empleos. Hallaron que
el cáncer está localizado en un solo sitio. Ella
tendrá que tener una intervención quirúrgica y
terapia. El cáncer no se ha extendido. ¡¡¡¡Dios
es bueno!!!! Doy gracias a Dios que aún hay
individuos que oran. Creo en los milagros y me
aferro a las promesas de Dios. ‘Él jamás me
dejará ni abandonará. Él estará conmigo hasta el
fin’. Espero que usted y su familia estén bien.
Yo he estado relatando su sueño a otros. ¡¡Dios
le bendiga!! Le repito, por favor AGRADEZCA a
todos por sus oraciones. ¡¡¡Las oraciones son
poderosas!!! Bendiciones, --Liz”
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Edificio cayendo
por Ernie Knoll
5 de marzo de 2007
En mi sueño estoy mirando por la ventana de un
edificio. Hacia abajo noto que no es un edificio
nuevo y que tiene un techo viejo de metal.
Cuando miro al otro lado de la autopista, veo
edificios nuevos y brillantes. Por la manera
como están colocados me doy cuenta que son
edificios de distintas ciudades. Uno de los
edificios es redondo y está cubierto de vidrios
azules.
De repente, los edificios comienzan a sacudirse.
Al tercer sacudión, los edificios se mueven tan
fuertemente que caen, desmoronándose hacia el
suelo. Veo lo que parece ser miles de hojas de
papel cayendo hacia el suelo. Pero al fijarme me
doy cuenta que en realidad son personas. Con un
gran sentimiento de pesar, capto que nuestro
Dios poderoso todavía está en control y que
estas cosas deben suceder.
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Un llamado al arrepentimiento
por Ernie Knoll
9 de abril de 2007
En mi sueño estaba mirando la página web
parasupueblo.com
cuando me di cuenta que la pantalla parecía
tener una cubierta con un mensaje. Parecía que
cada letra del mensaje era de oro y estaba
tallada en la pantalla. El mensaje sólo
consistía de tres renglones, pero se refiere
poderosamente a los tiempos en que vivimos.
Estas palabras representan lo que se me mostró,
incluyendo las letras mayúsculas.
Salgan de ella, pueblo MIO.
La HORA de mis juicios ha llegado.
He aquí la IRA de su Dios.
Este fue un sueño corto, pero poderoso. Después
del sueño tuve una impresión muy fuerte que
cosas GRANDES van a ocurrir en cualquier
momento. Becky dijo que antes de que yo
despertara, ella había estado orando que
necesitábamos un llamado al arrepentimiento en
la página web. Ahora teníamos la respuesta.
Citas:
-
Apocalipsis 18:4 Luego oí otra voz del
cielo, que decía: «Salgan de ella, pueblo
mío, para que no sean cómplices de sus
pecados, ni los alcance ninguna de sus
plagas».
-
Apocalipsis 14:7 Gritaba a gran voz: «Teman
a Dios, y denle gloria, porque ha llegado la
hora de su juicio. Adoren al que hizo el
cielo, la tierra, el mar y los manantiales.
-
Isaías 13:13Por eso haré que tiemble el
cielo y que la tierra se mueva de su sitio,
por el furor del Señor Todopoderoso en el
día de su ardiente ira.
-
Comentario Bíblico Adventista, 4CB 1205 "En
esta época precisamente antes de la segunda
venida de Cristo en las nubes del cielo,
Dios necesita hombres que preparen un pueblo
para que esté en pie en el gran día del
Señor. En estos últimos días se debe
efectuar una obra igual a la que hizo Juan.
Mediante los agentes que el Señor ha
elegido, él está dando mensajes a su pueblo,
y quiere que todos presten atención a las
admoniciones y amonestaciones que envía. El
mensaje que precedió al ministerio público
de Cristo fue: Arrepentíos, publicanos y
pecadores; arrepentíos, fariseos y saduceos,
"porque el reino de los cielos se ha
acercado". Nuestro mensaje no es de paz y
seguridad. En nuestra condición de pueblo
que cree en la pronta aparición de Cristo,
tenemos un mensaje definido para dar:
'Prepárate para encontrarte con tu Dios'."
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Ángel sobre un caballo blanco
por Ernie Knoll
28 de abril de 2007
(Un sueño de afirmación y ánimo)
En mi sueño camino por un pasillo largo y
amplio. Detrás de mí se oye el sonido de cascos
de caballo. Cuando volteo veo un ángel montado
sobre un hermoso caballo blanco que viene a
galope. Su crinado y cola fluyen como una
corriente del mar.
Cuando se aproxima saludo al ángel. Su cabello
es blanco y está peinado hacia atrás. Su rostro
es redondo, pero algo largo y, cuando habla y
sonríe muestra hoyuelos en sus mejillas. Se
detiene y le pregunto si mi esposa y yo estamos
compartiendo los sueños debidamente. El ángel
responde que debemos continuar compartiendo los
sueños en la manera que lo estamos haciendo,
especialmente lo de la Biblia y el Espíritu de
Profecía.
Cuando le pregunto si Jesús está molesto con la
manera como hemos estado compartiendo los
sueños, el ángel de un salto se desmonta del
caballo por el lado izquierdo y viene hacia el
lado derecho del caballo donde yo estoy parado.
Me toca el hombro izquierdo y menciona mi nombre
celestial--el mismo nombre que he escuchado en
los otros sueños, aunque no lo recuerdo después
del sueño. El ángel dice que Jesús y el Padre
están muy complacidos con la manera como
compartimos los sueños. Si llegase a haber algo
mal, Él me lo dirá, y que debo evitar enredarme
en cosas triviales. No debemos preocuparnos por
los que tengan dudas o causen desagrados cuando
les relatemos estas cosas. Dios se va a encargar
de ellos a su propia manera.
Nuevamente el ángel sonríe y dice que Dios está
con nosotros en todo lo que hacemos. No tenemos
nada que temer, porque Él es más fuerte que el
enemigo que nos odia. Dice que nuestro camino va
a estar lleno de muchos con "lanzas y espadas"
pero no debemos preocuparnos, porque estamos
rodeados con el escudo de Cristo. El enemigo va
a trabajar con muchos mientras proseguimos, pero
Dios va a triunfar.
El ángel vuelve a montar el caballo y se da
vuelta para regresar por donde había venido.
Antes de irse, me dice, “Sigue adelante confiado
que Jesús viene y estará contigo hasta el fin.
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¡Id Adelante!
por Ernie Knoll
9 de mayo de 2007
En mi sueño, Becky y yo, con otros que están
detrás de mí –algunos conocidos, otros, no
–estamos frente a unos doce hombres vestidos de
togas negras y sentados en un banco elevado. En
la pared detrás de ellos se ven las siguientes
palabras, “EL GRAN CONSEJO DE ANCIANOS”. Las
palabras están formadas por grandes letras
blancas con bordes negros, martilladas en la
pared con clavos grandes.
Les pregunto a los ancianos si nos podemos
arrodillar para orar antes de comenzar. Uno de
los ancianos dice que ellos ya oraron, y que no
hacen falta más oraciones. Les respondo que de
todas maneras yo voy a orar. Hago una oración
corta. Le pido a Dios que me dé fuerzas y que
mis palabras sean las suyas. Menciono que Él me
ha dicho que si necesitamos ángeles, lo único
que tenemos que hacer es pedirlos y Él los
enviará. Le pido varias legiones de ángeles,
porque sé que las vamos a necesitar. Antes de
que pueda decir ‘Amén’, uno de los ancianos
dice, “Basta ya”.
Él exige saber quién me creo ser, y quiénes
pensamos que somos, y con cuál autoridad
venimos. Y sigue preguntando, “¿Quién es
usted?”. Otro anciano pregunta, “¿Con cuál
autoridad va a nuestras iglesias?” Otro
pregunta, “¿Con cuál autoridad comparte esos
‘tales’ sueños?” Otro pregunta, “¿Con cuál
autoridad testifica a nuestro pueblo?” Y de
nuevo otro pregunta, “¿Con cuál autoridad
profetiza?” Y otro: “¿Conoce usted la pena por
diseminar estas mentiras?” Varios de los otros
ancianos allí sentados se burlan, “¡Ah, sueños!”
Otros se miran y nos miran a nosotros.
A mi lado izquierdo está Becky. Volteo a mirar
al grupo grande que está detrás de mí. Noto que
muchos llevan un delantal con herramientas en
los bolsillos. Veo que la hermana J está a mi
lado derecho, pero un poco detrás de mí. Su
delantal es blanco y todas sus guarniciones son
doradas y plateadas. Ella tiene un sujetapapeles
y un lápiz dorado. En sus bolsillos hay muchos
papeles.
Cerca, detrás de nosotros, están la hermana E,
el hermano B y Anónimo. Ellos están vestidos de
blanco puro. Detrás de ellos están el hermano J,
el hermano M y el hermano D con sus esposas.
Ellos llevan delantales blancos y sus bordes
están guarnecidos de plata. Veo que el hermano M
tiene muchas herramientas en sus bolsillos, pero
también tiene distintos mapas y lápices dorados
brillantes. Recuerdo haber pensado que a pesar
de que no conocía al hermano D personalmente,
sólo por teléfono, sabía que era él al que veía.
También veo a los hermanos M. Tenían grandes
alas de luz blanca en sus espaldas y cada uno
sostenía un megáfono.
Reconozco al hermano W y con él hay otros que no
conozco.
Por el lado izquierdo frente a los ancianos está
el Pastor B. Él viste un traje negro, una camisa
blanca brillante y una corbata blanca. A su lado
está el hermano S, el cual tiene un delantal de
plata pura. Ése también tiene muchos bolsillos.
En sus brazos tiene muchos pergaminos. También
tiene un teléfono de oro puro cubierto de
vidrio.
Cuando miro hacia la izquierda, de repente
aparece un ángel que camina a través de la pared
a una velocidad muy grande y se detiene
rápidamente. Entonces veo otro, y otro, y otro y
muchos más. Ya no puedo ver las paredes ni el
cielo raso porque sólo hay ángeles a hasta donde
puedo ver. Es un número incontable de ángeles.
Entonces el grupo inmenso de ángeles se separa.
Veo a Jesús, el Gran Juez, pasar en medio de
ellos. Viene y se para precisamente delante de
mí. Lo acompaña un séquito de ángeles. Algunos
cargan jarros, muchos otros traen distintas
capas, muchos visten armadura y hay muchos más
que lo acompañan. Uno de los ángeles se acerca a
Jesús y lo viste con una capa larga morada.
Entonces Jesús se dirige hacia los ancianos y
señalándonos a todos nosotros les dice, “Éstos
son.”
Miro a los ancianos y veo como muchos cambian de
semblante, convirtiéndose en criaturas de
aspecto maligno. Éstos se levantan y salen
huyendo. De los ancianos que quedan, algunos se
despojan de sus togas negras y se arrodillan a
los pies de Jesús llorando. Los demás se
arrodillan y lo adoran.
Entonces Jesús se voltea y llama a los ángeles
que tienen los jarros. Aparece un gran grupo de
ángeles con jarros que forman un cuadrado. Jesús
va y mete las manos dentro de uno de los jarros
y entonces se frota las manos. Va rápidamente a
los hermanos M, coloca sus manos sobre sus
cabezas y les dice, “Vayan y SÓLO díganles que
se ARREPIENTAN. Si ellos no escuchan o no
quieren escuchar, sigan y no se detengan, porque
ya no queda tiempo.”
Entonces manda por muchos ángeles veloces.
“Vayan, ayúdenlos y apúrense porque no queda
tiempo.” Observo como los hermanos M, con
muchos, muchos, pero muchos ángeles salen
disparados hacia arriba como si fueran flechas
de luz de alta velocidad.
Jesús vuelve a colocar sus manos dentro de un
jarro y entonces las pone sobre las cabezas del
hermano J, del hermano M, del hermano D y sus
esposas. Él les hace esto a muchos otros que no
reconozco. No puedo oír todo lo que se dice. Sí
oigo que es necesario esparcir su mensaje a su
pueblo. Entonces manda por otro grupo de ángeles
para que trabajen al lado de ellos.
A continuación, Jesús coloca sus manos dentro de
un jarro, va a la hermana J y le toca la cabeza.
Le dice que sirva al último grupo en todas sus
necesidades, pero que los mantenga conforme a
las cosas escritas en el sujetapapeles. No puedo
ver lo que está escrito en el sujetapapeles. Él
asigna a varios ángeles para que estén con ella.
Uno es un ángel que se distingue por su
velocidad, otro se distingue por su sabiduría, y
dos ángeles armados que sostienen escudos y
lanzas.
Colocando de nuevo las manos dentro de uno de
los jarros, Jesús va a la hermana E, al hermano
B y a Anónimo y les dice, “Ustedes deben servir
de asesores; den consejo y dirección según sea
necesario.” Él coloca una banda dorada alrededor
del cuello de la hermana E y el hermano B.
Nuevamente colocando ambas manos en un jarro,
Jesús se dirige a Anónimo y pone sus manos sobre
su cabeza. Entonces dice, “Grande es la fe de
aquél que manda que una semilla de mostaza se
convierta en una montaña.” Entonces le da un
beso en cada mejilla y lo envuelve en una capa
muy blanca. A estos tres les asigna ángeles de
consuelo, ángeles de sabiduría, y ángeles
armados.
Luego de volver a un jarro, Jesús pone su mano
sobre la cabeza del hermano S y mientras la
tiene allí, dice “Tú tienes la información
necesaria y cómo comunicarla.” Nos señala a
todos y le muestra al hermano S que “Éstos son.”
Entonces manda a un ángel que coloque sobre sus
hombros una capa blanca con bordes plateados y
le añade una banda dorada alrededor del cuello.
De nuevo, Jesús pone sus manos dentro de un
jarro, se dirige hacia Becky y a mí y pone sus
manos sobre nuestras cabezas. Manda a un ángel
que coloque sobre nosotros dos una capa grande
azul con todos los bordes guarnecidos de oro y
plata. Nos dice, “Vayan y compartan las cosas
que les he mostrado en los sueños. No se
preocupen por aquéllos que se crean más
poderosos que ustedes. Yo soy el Creador de
todo. Vayan y compartan los sueños. Preparen a
mi pueblo. Díganles que ya voy. Les dije, ‘Voy a
preparar un lugar para ustedes.’ Díganles que el
lugar ya está listo para ellos. Prepárense
porque voy a buscarlos para llevarlos conmigo.
Tienen el apoyo pleno de todos los que he
llamado y están reunidos aquí.”
Jesús regresa al grupo de ángeles con los jarros
y mete las manos lo más profundo que puede
dentro de dos envases. Entonces va al Pastor B y
lo frota de pies a cabeza. Entonces manda a los
ángeles que tienen las capas que le pongan una
capa. La capa llega hasta el piso y es de un
blanco resplandeciente con guarniciones de oro y
plata a lo largo del borde. El borde tiene
muchas joyas que brillan. Entonces Jesús coloca
una banda dorada con muchas gemas brillantes
alrededor del cuello del Pastor B. Pone su brazo
derecho alrededor del Pastor B, extiende el
izquierdo y dice, “Éstos son.” Mientras su brazo
está extendido, veo destellos de luz blanca
resplandeciente que salen de la herida en su
mano izquierda.
Ahora Jesús se dirige a los ángeles con los
jarros y les pide que derramen su Espíritu.
Manda a los ángeles armados que vayan y protejan
a “Éstos que son”. Entonces manda a un gran
grupo de ángeles de batalla, formados en un
cuadrado inmenso, que vayan y cumplan su
mandato. Les dice a todos los que están allí
reunidos que vayan adelante conforme se les ha
mandado.
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Firmes en la verdad
por Ernie Knoll
20 de junio de 2007
En mi sueño, tengo un ángel junto a mi lado
derecho. Él me dice que sólo me afirme sobre la
madera. Dice que la madera es la verdad. Miro
hacia abajo y veo dos vigas grandes de madera
que parecen medir un pie cuadrado, y yo tengo un
pie sobre cada una. Una mide unos 7 pies de
largo y la otra, unos 12 pies. Noto que a cada
una se le ha hecho un corte que parece medir 6
pulgadas por 12 pulgadas. Miro al ángel y él me
repite que sólo me afirme sobre la madera,
porque la madera es la verdad. Si no estoy sobre
la madera, no hay verdad. Nuevamente miro la
madera y noto que las vigas son de corte tosco,
como si el trabajador hubiese usado herramientas
rústicas. Vuelvo a mirar al ángel y él me repite
que la madera es la verdad, que sólo me afirme
sobre la madera.
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Sábado o domingo
por Ernie Knoll
21 de junio de 2007
En mi sueño, es temprano en la mañana y me
encuentro caminando en una acera junto a una
iglesia. Llevo un par de mis aviones de control
remoto para volarlos. Al pasar la iglesia, oigo
a un hombre decirle a otro, "Feliz sábado." Me
detengo y exclamo, "¡Sábado! Pensaba que hoy era
domingo, no sábado." Uno de los hombres dice,
"Es domingo, el sábado de reposo." Lo miro, le
sonrió y digo, "Nooo. El domingo no es el día de
reposo, es el sábado. En ninguna parte de la
Biblia se menciona el domingo como día de
reposo, ni tampoco dice que Jesús lo cambió al
domingo." El hombre señala hacia una mesa de
picnic al cruzar la calle y me dice que lo
espere allí y que va a traer a un hombre para
que hable conmigo.
Entonces un hombre vestido de traje se me acerca
y dice, "Soy el doctor fulano de tal (No
recuerdo su nombre). Soy un profesor en tal
lugar. Tengo títulos en tales materias. He
recibido tales y tales premios y se han
publicado mis obras en tales sitios." Yo le
contesté, “He leído algunos libros, me gusta
volar aviones de control remoto, y me gusta
conversar con Dios a toda hora."
El profesor se sienta a la punta de la mesa, se
quita los espejuelos, mete una de las patas en
la boca y dice, "Me diiiceeeennn que tú nooo
saaaabbbeeess qué díííaaa eesss hoooyyy." (Esto
está escrito más o menos de la manera como fue
dicho.) Han llegado otras personas que se han
congregado alrededor de la mesa y todos los
asientos están ocupados. Miro al profesor y
digo, "Al pasar por la iglesia, me sorprendió
oír a un hombre decirle a otro 'Feliz sábado.'
Le dije que hoy es domingo, no sábado, y el
hombre dijo que era domingo, el sábado de
reposo."
Entonces, mientras los demás escuchan, le
explico al profesor, que hoy es domingo, el
primer día de la semana, y que la Biblia enseña
que Dios creó nuestro planeta y todas las
criaturas vivientes en seis días, pero descansó
el séptimo día.[1] Le explico
cómo el sábado siempre ha sido llamado sábado, y
aun en distintos idiomas el sábado se denomina
sábado.[2] Le menciono que hay
varias partes en la Biblia donde dice que el
séptimo día de la semana, el sábado, es el día
de reposo.[3] También le digo
que el cuarto mandamiento es el único que
comienza diciendo, 'Acuérdate.'[4]
Les pregunto, "¿Acaso todos ustedes se han
olvidado?"
Unos de los hombres de pie junto a la mesa
pregunta, "¿Acaso no eres aquél que dice tener
sueños del cielo?" "Sí," le contesto. Al
mencionarles Hechos 2:17,[5] la
gente pierde interés, y más todavía cuando les
relato mis sueños. Noto una mujer que apoya la
cabeza en las manos con los codos sobre la mesa.
Escucha atentamente todo lo que digo. Mirando
alrededor, trato de captar el interés de los
demás, pero todos se van detrás del profesor.
Volteo hacia la mujer, y ella me dice, "Siga."[6]
-
Génesis 2:2,3 – "Al llegar el séptimo día,
Dios descansó porque había terminado la obra
que había emprendido. Dios bendijo el
séptimo día, y lo santificó, porque en ese
día descansó de toda su obra creadora."
-
Italiano – sabato; Español – sábado; Polaco
– sobota; Búlgaro – shubbuta; Griego –
sabbaton... y muchos otros.
-
Éxodo 16:26 – "Deben recogerlo durante seis
días, porque el día séptimo, que es sábado,
no encontrarán nada." Éxodo 20:11 y
Deuteronomio 5:14 – "Acuérdate de que en
seis días hizo el SEÑOR los cielos y la
tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y
que descansó el séptimo día. Por eso el
SEÑOR bendijo y santificó el día de reposo."
Lucas 23:56 – "Luego volvieron a casa y
prepararon especias aromáticas y perfumes.
Entonces descansaron el sábado, conforme al
mandamiento."
-
Éxodo 20:8 – "Acuérdate del sábado para
santificarlo."
-
Hechos 2:17 – "Sucederá que en los últimos
días—dice Dios—, derramaré mi Espíritu sobre
todo el género humano. Los hijos y las hijas
de ustedes profetizarán, tendrán visiones
los jóvenes y sueños los ancianos."
-
Mateo 22:14 – "Porque muchos son invitados,
pero pocos los escogidos."
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Prepárense
por Ernie Knoll
22 de junio de 2007
Éste realmente no fue un sueño. Eran casi las 5
de la mañana. Me desperté porque pensé que mi
esposa me había dicho algo, pero no era así.
Ella dijo que estaba soñando un sueño común. Le
dije que yo había oído una voz decir: "TAL COMO
JUNIO ES UN MES CORTO, ASÍ TAMBIÉN LO ES EL
TIEMPO. PREPÁRENSE PARA LA IRA DE DIOS."
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Construye un arca
por Ernie Knoll
3 de julio de 2007
En mi sueño, estoy de pie en un salón muy
grande. Estoy allí como un observador. Es como
si nadie me viera o supiera que estoy allí, pero
puedo ver y escuchar todo lo que ocurre. Veo un
grupo de hombres congregados y sentados junto a
una mesa. Están vestidos de ropas antiguas, como
en los tiempos bíblicos. Detrás de los hombres
hay un rollo fijado a la pared que dice, "LOS
GRANDES EDUCADORES." Volteo hacia la izquierda y
veo que un hombre entra y se aproxima a ellos.
El hombre explica que Dios le ha dicho que debe
construir un arca. Dijo que se le habían dado
las dimensiones, así como instrucciones
específicas de cómo construirlo. Los hombres se
dirigen los unos a los otros y discuten el
asunto. Entonces uno de ellos dice, "No, Noé,
tenemos que meditar, orar, y evaluar esa
conversación que dices que tuviste con Dios.
Necesitamos esperar y ver. No debiéramos
precipitarnos con estas cosas. Tenemos que estar
seguros que no era Satanás el que te hablaba."
Observo como Noé regresa vez tras vez tras vez.
Se presenta ante los hombres para decir que Dios
le ha dicho repetidas veces que es imperativo
que construya un arca. Los "Grandes Educadores"
insisten que un mensaje de esa índole no
puede tomarse apresuradamente, sino que a veces
toma muchos años para comprender. Le dicen que
uno tiene que contemplar con oración cuidadosa
la validez de estas pláticas que él dice que
tiene con Dios. Siguen cuestionando si no será
Satanás quien le habla.
La misma situación continúa por 120 años.
Finalmente Noé entra y explica que Dios dijo que
Él se ha propuesto hacer caer una gran lluvia
que va a inundar la tierra. Los hombres
exclaman, "¡Lluvia! Jamás ha llovido. Parece que
Satanás te está confundiendo." Otro dice, "Noé,
tienes que abandonar esto, de otra manera tanto
tú como tu familia se van a perder."
Entonces oigo una voz, como la de un narrador,
que dice, "Entonces llovió 40 días y 40 noches.
En el día 46, Dios metió la mano al fango y
dijo, 'Volvamos a crear al hombre a nuestra
imagen.'"
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La sala de correo
por Ernie Knoll
24-27 de julio de 2007
Este sueño fue dado en cuatro partes. Cada noche
el sueño contenía una repetición del sueño de la
noche anterior.
En mi sueño, me encuentro mirando lo que parece
ser un gran sala de correo. Veo mucha gente
sentada ante mesas y llenando sobres con
material. Observo con más detenimiento y veo que
están colocando una Biblia y un libro titulado,
Espíritu de Profecía dentro de los sobres. (Este
libro representa todos los libros del Espíritu
de Profecía por Elena G. White.) También el
sobre contiene un pedazo de papel azul que dice,
“¿Estás listo? Jesús viene pronto.”
A mi derecha está un capataz que lleva puesto un
casco de construcción muy blanco con rayas
doradas y plateadas. Me señala hacia la
izquierda donde hay muchas mesas cargadas de
Biblias, libros del Espíritu de Profecía y esa
hoja de papel azul para ser colocados en los
sobres. Entonces me dice que mire hacia el gran
reloj en la pared. El reloj marca las 2:00 p.m.
El capataz dice que hay muchos sobres por llenar
y que sólo faltan algunas horas para que termine
la semana laboral. Me explica que antes de
clausurar hay que llenar todos los sobres y
ponerlos en las manos de la gente. Miro a los
trabajadores y noto su aspecto cansado. Sin
embargo, todos sonríen y continúan con la tarea
que se les encomendó.
Miro hacia a la derecha y veo a muchos colocando
los sobres en ranuras del correo. Cuando se
llena una ranura, otro trabajador coloca los
sobres en una bolsa de correo con destino a esa
localidad. Más hacia la derecha veo muchas
bolsas de correo llenas y listas, pero hay pocos
encargados de envío para cargar los camiones.
El capataz me dirige a la sala de control y me
muestra en un mapa todas las áreas donde estos
paquetes deben ser entregados rápidamente. Al
observar el mapa, tal parece que la tarea jamás
se va a completar al paso que va. Me dirijo al
capataz y le pregunto si no se debería obtener
más ayuda. Responde que algunos dijeron que
ayudarían. Llegaban, trabajaban un par de horas
y se iban porque tenían otras cosas que hacer.
Algunos creían que ya habían hecho todo lo que
debían que hacer.
Entonces el capataz me dirige a una ventana y me
dice que habían puesto avisos pidiendo ayuda. Al
mirar por la ventana veo que no hay nadie para
ayudar. Me dice que son muy pocos los que creen
que estos sobres con su contenido deben ser
enviados. Muchos piensan que ya se ha hecho lo
necesario y que no hace falta enviar más sobres.
Tienen dudas respecto al proyecto y dicen que no
es necesario enviar los tres elementos. El
capataz dice que otra compañía está enviando los
sobres, pero sin Biblia, Espíritu de Profecía ni
el mensaje que Jesús viene. Menciona que están
enviando libros de otro autor.
El capataz me guía a través de este gran almacén
hasta que llegamos afuera. Señala hacia arriba y
dice que solamente hay Uno que puede suplir
todas nuestras necesidades. Mira hacia arriba y
dice: “Padre, los trabajadores son pocos y el
trabajo es mucho.” De repente, observo como el
cielo se divide en dos y ángeles con alas
grandes comienzan a descender desde lo alto.
Mientras miro, me siento abrumado de ver todos
esos ángeles descender. Al aterrizar observo
cómo sus alas se doblan y siguen doblándose
hasta que desaparecen en sus espaldas. En lo que
miro, los ángeles se transforman en trabajadores
para el almacén. Algunos son jóvenes, otros son
mayores; algunos son hombres y otros mujeres.
Todos sonríen mientras se ponen en fila para
entrar al almacén.
Ahora el capataz me lleva de regreso al almacén.
Miro alrededor y todos están contentos y
sonrientes. No puedo distinguir los ángeles de
los seres humanos. Las pilas de Biblias, libros
del Espíritu de Profecía y los papeles azules
han desaparecido. El trabajo de llenar los
sobres ha terminado. Los que colocaban los
sobres en las ranuras terminaron. Miro hacia
donde se llenaban las bolsas de correo y ya no
hay más bolsas. Muchos están terminando de
cargar el último camión y están cerrando su
puerta trasera.
Me dirijo al capataz y le pregunto: “Siendo que
ya se cargó la última bolsa de correo en el
camión, ¿vendrá la destrucción y entonces
regresará Jesús?” El capataz voltea y pide que
uno de los trabajadores le traiga el otro casco
suyo de construcción. Al acercarse el trabajador
al capataz, inclina su cabeza y le extiende un
casco de oro puro. El capataz se pone el casco
nuevo. Se voltea hacia mí. Al mirarme, yo le
miro los ojos y reconozco quién es. Exclamo:
“¡Eres tú!” Comienzo a llorar y Él enjuga mis
lágrimas con sus manos. Me dice: “No llores,
porque tú eres el atrevido que Yo creé”. Sonrío
y le digo que tengo tantas preguntas. Él me dice
que hay poco tiempo. Rápidamente le pregunto por
qué repetidas veces se me ha mostrado la
destrucción venidera en muchos de mis sueños,
pero Él me ha dicho que no divulgue los
detalles. Él me contesta: “Muéstrame tu reloj.”
Levanto mi brazo izquierdo para mostrárselo. Él
me dice: “Dame tu mano derecha. Quiero mostrarte
algo.” Le extiendo mi mano derecha y Él la
coloca en su mano izquierda. Me mira, sonríe y
me llama por mi nombre celestial (el que he
escuchado en otros sueños) y me dice que no
tema, sino que sepa que Él siempre está conmigo.
Él mira hacia arriba y los dos comenzamos a
ascender. Miro hacia abajo y veo que mis pies se
despegan del suelo, el cual desaparece
rápidamente mientras ascendemos. De repente el
cielo azul se abre, aminora nuestra velocidad y
nos detenemos. Me señala cuatro ángeles muy
grandes. Cada uno tiene agarrada una punta de lo
que parece ser una vela de barco muy, muy, pero
muy grande. Los ángeles se parecen al ángel que
vi a la entrada de la ciudad en mi sueño del
cielo. Pregunto si son ángeles. Jesús se dirige
hacia mí, me llama por mi nombre celestial y
dice, “Estás demasiado interesado en detalles
finitos y estás pasando por alto detalles
importantes”. Señala y me dice que mire de
nuevo. Noto que los ángeles están usando todas
sus fuerzas para contener lo que está dentro de
la gran vela. Escucho truenos fuertes y detrás
veo la luz de relámpagos y lo que parecen ser
grandes objetos redondos tratando de traspasar
la tela. El ruido que proviene de detrás de la
vela es muy fuerte y a veces ensordecedor. La
gran vela que parece tela tiembla, y parece que
los ángeles hunden sus pies en tierra para
mantener su posición, pero no hay tierra. Los
músculos de los brazos se flexionan y me
pregunto si sufren con el gran esfuerzo que veo.
Al observar más detalladamente, me doy cuenta
que la tela de la vela es la misma que los
ángeles visten.
Mientras me encuentro allí, con Jesús a mi
derecha, temo por mi vida y trato de esconderme
detrás de Él. Recuerdo el sentido que tuve de la
perdición inminente que Él va a permitir que
ocurra. Miro a Jesús y comienzo a temblar y
llorar. Todavía asido de mi mano derecha,
descendemos rápidamente. Al hablarme, el sonido
de su voz calma mis temores. Cuando miro a sus
ojos, todavía no puedo detectar de qué color
son. Lo único que puedo ver es un amor que no se
asemeja a nada que haya visto ni experimentado.
Me llama por mi nombre celestial y dice: “¿Por
qué tienes miedo? Te dije que siempre estaré
contigo. ¿Dónde está tu fe?” Me vuelve a enjugar
las lágrimas con sus manos. Me dice, “No temas
porque te tengo en la palma de mis manos y nunca
te soltaré.” De nuevo me pide que le muestre mi
reloj. Al extender mi brazo izquierdo, Él me
pregunta si creo que mi reloj tiene la misma
hora que el de Él. Entonces me dice que hay
mucho trabajo por hacer, pero muy poco tiempo.
Sigue sosteniendo mi mano mientras continuamos
el descenso a la tierra. Ahora veo cordilleras y
ríos. Continúo observando mientras me aproximo
lentamente al suelo y mis pies tocan tierra.
Miro hacia Él y me dice: “Debes ir y decirles
que ya voy. Diles que estén listos y a la
expectativa, porque ya voy. Cuando dé el tiempo
señalado, les diré a los de gran fuerza que
suelten. Entonces derramaré mi ira. Ese tiempo
es por mi reloj. Pero diles que se preparen.
Porque me hacen desaire y adoran otros dioses y
tratan de provocar mi ira con todas las obras de
sus manos, derramaré mi ira sobre ellos.”
Entonces escribe en el cielo y me dice que lea y
comparta lo que le indicó a su profetisa, Elena
de White, que escribiera. Miro al cielo azul
oscuro y veo escrito en letras de oro oscuro,
EVANGELISMO, páginas 36 y 37.
Todavía sosteniendo mi mano, Jesús dice: “Ahora
ve y diles que ya voy. No temas porque tengo tu
mano en la mía. Recuérdales que si necesitan
ángeles, diles que los pidan y que estarán allí
antes que terminen de pedirlos.” Me mira y
sonríe. Me siento inundado de paz cual brisa
cálida. Mientras miro a sus ojos veo el amor del
amor de los amores.
Evangelismo, páginas 36 y 37 dice como sigue:
“Una escena muy impresionante pasó ante mí en
visiones nocturnas. Vi una inmensa bola de fuego
que caía en medio de un grupo de hermosas casas
que fueron destruidas instantáneamente. Oí a
alguien decir: "Sabíamos que los juicios de Dios
visitarían la tierra, mas no pensábamos que
vendrían tan pronto". Otros dijeron en tono de
reproche: "Vosotros que sabíais estas cosas,
¿por qué no dijisteis nada? ¡Nosotros no lo
sabíamos!" Y por todas partes oía reproches
parecidos.
“Me desperté angustiada. Volví a dormirme y me
pareció encontrarme en una gran asamblea. Un Ser
de autoridad hablaba al auditorio, señalando un
mapamundi. Decía que aquel mapa representaba la
viña de Dios que debemos cultivar. Cuando la luz
celestial brillaba sobre alguno, debía
transmitirla. Debían encenderse luces en los
diferentes lugares y de estas luces se
encenderían otras. . .
“Vi focos de luz que brillaban desde las
ciudades y los pueblos, en las montañas y los
llanos. La Palabra de Dios era obedecida y como
resultado en cada ciudad y cada pueblo se
levantaban monumentos a su gloria. Su verdad era
proclamada en todo el mundo.
“Habrá hombres de fe y de oración que se
sentirán impelidos a declarar con santo celo las
palabras que Dios les inspire. Los pecados de
Babilonia serán denunciados. Los resultados
funestos y espantosos de la imposición de las
observancias de la iglesia por parte de la
autoridad civil, las invasiones del espiritismo,
los progresos secretos pero rápidos del poder
papal, todo será desenmascarado. Estas solemnes
amonestaciones conmoverán al pueblo. Miles y
miles de personas que nunca habrán oído palabras
semejantes, las escucharán. Asombrados oirán el
testimonio de que Babilonia es la iglesia, caída
a causa de sus errores y de sus pecados, porque
ha rechazado la verdad que le fue enviada del
cielo.”
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Concesión paulatina
por Ernie Knoll
4 de agosto de 2007
En mi sueño, es sábado de mañana y estoy en la
iglesia de un pastor sentado al lado derecho,
bien atrás. Observo mientras dan los anuncios.
Noto a muchos en conversaciones vanas y risas.
Varios de los bebés están llorando. Algunos
están conversando en el vestíbulo de la iglesia.
Entonces el anciano da la oración pastoral.
Ahora estoy de pie al lado derecho de la
plataforma. Al mirar hacia adelante, veo a
muchos ángeles de pie, algunos sentados junto a
miembros. Veo ángeles de aspecto noble, vestidos
de mantos blancos. También veo otros ángeles que
llevan mantos de un gris oscuro. Sus rostros
están curtidos y desgastados.
Observo que estos ángeles están perturbando a
los bebés para que lloren y causen otras
distracciones que distraigan a la gente de lo
que se está diciendo desde el púlpito. Veo que
otros ángeles logran hacer divagar la mente de
las personas. Estos ángeles malignos están
sentados, susurrando a los oídos de los niños y
adolescentes. Algunos están de pie junto a las
puertas traseras para impedir que los que están
en el vestíbulo entren al santuario. Otros de
esos ángeles hacen todo lo que pueden para dañar
el ambiente de reverencia y santidad dentro del
santuario.
Ahora el pastor se levanta para comenzar su
sermón, dice unas pocas palabras, mira hacia
abajo, pausa, y mira hacia arriba. Dice, "Oremos
ahora antes de abrir la Palabra de Dios." Se
arrodilla a la derecha del púlpito. Su oración
es muy corta. En su oración pide que Dios envíe
sus santos ángeles para llenar el santuario, y
que todos los ángeles malignos sean escoltados
hasta quedar fuera y lejos de la iglesia.
Durante la oración, observo como muchos de los
ángeles santos de Dios vienen a sacar a los
ángeles malignos. Algunos de los ángeles se
sientan para tranquilizar a los bebés. Otros
animan a los oyentes a poner a un lado los
pensamientos mundanos y concentrarse en lo que
se está diciendo. Algunos rápidamente ayudan a
los que están en el vestíbulo a entrar y
encontrar asiento. Ahora la iglesia está llena
de ángeles celestiales. Afuera de la iglesia hay
ángeles santos de pie, hombro a hombro. Miran
hacia afuera, de espaldas a la iglesia, y han
rodeado toda la iglesia.
Ahora estoy sentado nuevamente al lado derecho
de la iglesia, bien atrás. El pastor termina de
orar, se para y regresa al púlpito. La iglesia
ahora está en silencio y hay una atmósfera
reverente. Entonces comienza de nuevo su sermón
y comienza diciendo, "El tema de hoy se titula,
‘La Concesión paulatina.'"
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Sigue adelante
por Ernie Knoll
8 de agosto de 2007
En el sueño, varios nos encontramos de viaje en
un auto convertible descubierto. Maneja Becky y
hay otros sentados en el asiento trasero. Noto
muchos carros al otro lado de la carretera que
van en dirección contraria. Muchos nos tocan la
bocina, nos gritan o se ríen. Nos gritan que
vamos en la dirección equivocada.
Ahora miro hacia arriba y lanzo una exclamación
acerca de todos los ángeles que veo en el aire
encima de nosotros. Señalo que mucho ángeles
llevan trompetas o nos señalan que sigamos en la
dirección que vamos. Otros nos agitan las manos,
como diciendo, “¡Adelante!” Otros están de pie,
como si nos están protegiendo. Me da la
impresión que estos ángeles han sido enviados
como encargados.
Les pregunto a los que están conmigo en el carro
acerca de los que están en los otros carros,
"¿Por qué no ven estos ángeles? ¿Por qué nos
dicen que vamos en sentido contrario, cuando los
ángeles nos están señalando que sigamos en la
dirección que vamos?"
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“Velad, porque ¡ya voy!”
por Ernie Knoll
14 de agosto de 2007
En mi sueño recorro un pasillo largo. El piso
es plano, pero le parte superior es redonda.
Aunque no hay luces, el pasillo está bien
iluminado. Detrás de mí oigo el ruido de cascos.
Me doy vuelta y veo un ángel sobre un caballo
blanco que cabalga aprisa. Junto a él hay otro
caballo blanco que cabalga a la misma velocidad.
El ángel se detiene rápidamente junto a mí, se
desmonta del lado izquierdo del caballo, da la
vuelta por el frente y se apresura hacia mí.
Cuando sonríe noto sus hoyuelos y lo reconozco
como el ángel del sueño anterior. Me llama por
mi nombre celestial) el nombre que sólo conozco
en mis sueños). Me dice, “Debes montar, porque
hay mucho que decirte y mostrarte. Tenemos que
viajar lejos, hay mucho que ver, y el Gran
Intercesor me ha dado instrucciones detalladas
que debo cumplir.” Da la vuelta por el frente
del caballo, salta del lado izquierdo, y se
aferra del crinado. Yo hago lo mismo.
Los caballos comienzan un trote lento que se
torna en galope, y entonces en una carrera a
toda velocidad. Aunque yo he montado a caballo,
esto es distinto. Este caballo no sube y baja,
sino parece ir en forma recta y serena. Me doy
cuenta que estamos atravesando el pasillo a una
velocidad muy grande. Tras un viaje que me
parece muy corto, los caballos se detienen.
Aunque no tengo cómo medirla, sé que acabamos de
viajar una distancia muy grande. Nuevamente el
ángel se desmonta del lado izquierdo y yo hago
lo mismo. Me dice, “Tus oraciones y preguntas
han sido oídas, como lo son todas las oraciones.
Es hora que los que estudian el tiempo
comprendan lo que están haciendo.” Todavía
estamos en el pasillo. El ángel se voltea y pide
mi mano derecha. Se la extiendo y él me dice,
“Tengo mucho que mostrarte y enseñarte.”
Nos dirigimos hacia el lado del pasillo y
comenzamos a caminar. En ese instante se me
ocurre que vamos a chocar contra la pared del
pasillo. Atravesamos la pared, pero no hay
puerta. Entramos a un salón donde somos
observadores. El ángel me dice, “Lo que te voy a
mostrar ahora se refiere a algo sobre lo cual
has estado orando y pidiendo instrucción.”
Veo a mucha gente sentada en un cuarto con
mesas. Me dice, “Éstos son hermanos y hermanas
de tu iglesia, pero no son de la misma fe.” Noto
que alrededor del cuello algunos llevan como si
fuera una toalla larga con flecos y nudos
amarrados en las puntas. Al arrodillarse para
orar, se cubren la cabeza con esa tela. Muchos
llevan una pequeña tela redonda en la cabeza.
Sobre las mesas veo muchos objetos inanimados. A
la vista hay trompetas orientadas en varias
direcciones. Noto rollos de escritura con
palabras subrayadas y palabras que ellos han
añadido a los rollos. Veo algo que sólo puedo
describir como cornucopias llenas de distintas
clases de alimentos.
Ellos también hacen adoración entre semana si la
luna está en cierta fase y lo llaman el sábado.
Esto es además del séptimo día sábado. Miro a mi
ángel que me tiene de la mano derecha y le digo,
“No entiendo.” Él me dice, “Observa otra vez
con atención. Vuelvo a mirar y veo ángeles
sentados con estas personas. Sus mantos son muy
oscuros. Sus rostros se ven desdichados y
destrozados de la guerra. Obligan a la gente a
creer lo que ellos quieren que crean. Observo
como los hermanos y hermanas estudian
equivocadamente, creyendo cosas que ya no tienen
que creer.
Me volteo y veo que hacia un lado hay un grupo
grande de hombres. Trabajan arduamente para
cincelar el número 2012 en un inmenso bloque de
granito. Cuando terminan, derriten y vierten
sobre los números oro que han comprado. Entonces
se arrodillan alrededor de ese bloque para orar,
dando gracias porque se les ha mostrado el año
cuando Jesús retornará. El ángel se dirige hacia
mí y me dice, “Consultar Mateo 24:36.” [“Pero
en cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni
siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo,
sino sólo el Padre.”] El ángel continúa diciendo
que el del gran disfraz está colocando trampas
para todos, pero el ojo y oído perspicaces de
aquéllos que han puesto sus corazones en la mano
de Dios discernirán cuando el maligno los hace
adorar leyes viejas y paganas—cosas que fueron
abolidas cuando Jesús fue clavado en la cruz y
murió.
Todavía asiendo de mi mano, el ángel dijo,
“Tenemos que irnos.” Nos volteamos y me
encuentro en el pasillo. Noto que los caballos
ya no están. Me detengo y le pido al ángel que
me diga su nombre. Me contesta, “Puedes llamarme
‘El Heraldo’ (me lo deletreó), pero quién yo soy
no es importante. El Gran Árbitro (también me
deletreó esto) es el único nombre que debiéramos
querer conocer y de quién debiéramos querer
hablar.
Atravesamos el pasillo hasta el otro lado y
entramos a un salón que reconozco de inmediato.
Es del sueño que denominé “Id adelante.”
Nuevamente mi posición es sólo la de un
observador. Veo a muchas personas que reconozco.
Un poco más atrás de mí vuelvo a ver al hermano
J, al hermano M y al hermano D, junto con sus
esposas. También hay otros allí, pero no los
puedo ver a causa de la gente que me tapa la
vista. Mi ángel, todavía asiendo de mi mano, nos
hace levantar del suelo. Desde ese punto de
vista puedo ver un grupo casi sinnúmero de pie
detrás de mí. Reconozco algunos que no podía ver
antes. Veo a los hermanos C y los hermanos V.
Junto a ellos hay mucha gente que conozco de
nombre, pero no he saludado personalmente. Hay
otros que he saludado, pero no recuerdo sus
nombres.
Cuando me dirijo a mi ángel, me dice que la
hermana V debe ayudar a preparar este sueño. El
ángel dice que cuando reciba el sueño, ella debe
juntar a sus hijos y orar ante el altar familiar
para que el Espíritu Santo le instruya qué debe
escribir y cómo corregir el sueño. Cuando ella
termine, debe devolvérmelo para que Becky y yo
lo aprobemos. Esto nos aliviará de una parte de
la labor. La hermana V debe decirle al hermano S
que se prepare para colocar este mensaje en mi
sitio en el internet, porque debe cumplir con la
fecha límite ordenada. El ángel me recuerda que
el hermano S es quien tiene los medios para la
comunicación. Se me instruye que los mensajes
que Él envía son para su pueblo. El Gran
Consejero observa todo lo que hace y protege sus
mensajes para su pueblo. El hermano S debe saber
que si en algún momento tiene un problema o
necesita ayuda, se le ha dado el teléfono.
Ahora el ángel me dice que todavía queda mucho
más para mostrarme. Todavía asiendo de mi mano
derecha, salimos y volvemos al pasillo. Me dice,
“Respira profundamente, porque lo que te voy a
mostrar ahora es importante.” Nuevamente
atravesamos el lado del pasillo. Me encuentro
parado afuera en un campo amplio mirando hacia
arriba a algo que parece una pantalla de cine al
aire libre. Está muy oscuro y no veo luna, pero
sí muchas estrellas.
El ángel dice, “De las cosas que se pueden
estudiar, lo que te muestro ahora tiene la mayor
importancia.” Me sonríe e indica que mire la
primera proyección. Veo lo que pudiera ser una
película de la portada de una Biblia. Las letras
grandes “SANTA BIBLIA” brillan doradas y debajo
aparece en letras más pequeñas, “Versión King
James”. La Biblia se abre a Éxodo 20. La
proyección cambia y las palabras que deletrean
la ley de Dios se destacan claras y muy fáciles
de leer. El ángel sonríe y dice, “Esto es lo que
Dios mismo escribió y es muy importante.
Recuerda lo que dice.”
Sonriendo nuevamente me señala la siguiente
proyección. Veo a Elena White sentada en una
silla con una pluma de escribir en la mano. Es
temprano en la mañana y todo está en silencio.
Ella está rodeada de muchos, muchos, pero muchos
ángeles. Jesús se apoya sobre una rodilla junto
a ella y le instruye lo que debe escribir. El
ángel se dirige hacia mí y dice, “Comparte
Apocalipsis 19:10. [“Me postré a sus pies para
adorarlo. Pero él me dijo: ¡No, cuidado! Soy un
siervo como tú y como tus hermanos que se
mantienen fieles al testimonio de Jesús. ¡Adora
sólo a Dios! El testimonio de Jesús es el
espíritu de profecía.”] El ángel me señala la
siguiente proyección. Es azul oscuro y veo las
palabras, “Jesús viene. ¡Debes estar listo!” en
letras de oro.
Nos volteamos y atravesamos el pasillo
rápidamente. Ahora observo como ángeles
señaladores marcan los sitios donde descansan
muchos bebés, niños, ancianos y de otras edades.
El ángel dice que esto es a causa de la
misericordia de Dios, porque ellos no podrían
soportar el tiempo de angustia. Él dice que no
debemos sentir remordimiento, porque ellos
duermen por muy poco tiempo antes de despertar
para ver a Jesús venir en las nubes. El ángel
dice que ellos tomarán sus lugares como parte de
la gran multitud.
Volteamos y caminamos rápidamente a través del
pasillo. Regresamos al salón donde tuve el sueño
llamado “Id adelante”. Nuevamente mi posición es
la de un observador. Escucho y observo mientras
Jesús extiende su mano, nos señala y dice,
“Éstos son.” Entonces Jesús se dirige a los
ángeles que llevan los jarros y dice, “Vayan y
derramen mi Espíritu.”
El ángel, todavía asiendo mi mano, se voltea y
me guía rápidamente al pasillo. Pausa brevemente
y me dice, “Presta mucha atención mientras
seguimos mirando. Esto es importante y el pueblo
debe comprenderlo.” Atravieso el lado del
pasillo y entro a un salón grande. Parece ser el
mismo cuarto del cual acabo de salir, porque veo
que nuevamente todos estamos de pie allí. Pero
ahora nos veo como vasijas vacías, esperando ser
llenadas con lo que los ángeles llevan en sus
jarros.
El ángel se dirige hacia mí, sonríe y dice,
“Mira con mucha atención.” Ahora veo que todos
estamos asquerosos, y que lo que los ángeles
tienen no puede ser vertido en nosotros. Parece
que tenemos lodo, grasa y otra basura adentro.
Me dirijo al ángel y le digo, “No entiendo lo
que me está mostrando. Yo pensaba que todos
estábamos limpios.”
Todavía asiendo de mi mano, volteamos y
nuevamente atravesamos el pasillo. No nos
detenemos ni disminuimos la velocidad. Ahora
estamos en otro cuarto. Veo al pastor Joe Crews
sentado ante un escritorio escribiendo algo.
Noto que el cuarto está lleno de santos ángeles.
Veo a Jesús apoyado sobre una rodilla junto a
él. Le está diciendo lo que debe escribir. El
ángel dice, “Él está escribiendo Creeping
Compromise [Concesión paulatina]. Esto es lo que
‘éstos son’ deben ser. Hace falta esta
instrucción para perfeccionar el carácter de los
que se esfuerzan por formar parte de los
144,000. Un repaso de este libro mostrará que
los ángeles no pueden derramar su Espíritu en
vasijas asquerosas. Aquéllos que desean
sinceramente formar parte de los 144,000 deben
limpiarse ahora—no mañana. Este libro, inspirado
por Jesús, es el fundamento de lo que se debe
hacer.”
El ángel detalla elementos del libro. Me habla
de la moralidad en la vestimenta. Habla de la
superabundancia de maquillaje. Explica acerca de
las joyas y que no hay necesidad de usarlas.
Dice que aun llevar el pequeño símbolo del
matrimonio es una concesión pequeña, y que una
cosa lleva a la otra. En el cielo no habrá
matrimonio ni anillos. No nacimos con ellos. La
mente será depurada de deseos y antojos, y la
dieta consistirá de lo que Dios le dio de comer
a Adán y Eva. Esto lo harán no porque quieren
formar parte de los 144,000, sino por amor a
Aquél que es del Gran Amor.”
Todavía asiendo de mi mano, el ángel y yo
rápidamente atravesamos el pasillo hacia otro
cuarto con espejos. El ángel me instruye, “Mira
en el espejo y dime lo que ves.” Le contesto,
“Me veo a mí mismo y a usted de pie junto a mí.”
Él me dice, “Eso está mal. Te llamas cristiano.
Cuando te miras en un espejo no te debes ver a
ti mismo. Debieras ver a Jesús. Si deseas
llamarte cristiano, eso significa que deseas ser
como Cristo. ¿Cómo puedes ser semejante a Cristo
y no parecerte a él? Dices que deseas formar
parte de los 144,000, pero ¿cómo lo lograrás si
Cristo no te sostiene ante el Padre? Si te
pareces a Cristo, caminas como Cristo y sonríes
como Cristo, entonces podrás estar firme el día
cuando Jesús no te pueda sostener ante el Padre.
Cuando te mires en el espejo y veas una vasija
limpia, sin asquerosidad, entonces recibirás la
bendición que Jesús ha mandado que sea
derramada.”
Me dirijo a mi ángel y le digo, “Me parece que
hay tan pocos haciendo la obra de Dios.” Me
sonríe y nuevamente noto los hoyuelos en sus
mejillas. Volteamos y atravesamos el pasillo
rápidamente hacia otro salón. Veo muchos
ministros ungidos por Dios. Mi ángel me señala
uno en particular. Ahí veo al pastor Doug
Batchelor. Noto que cuando camina, hay ángeles
vestidos de mantos muy brillantes que van
delante de él llevando lo que parecen ser
lámparas que alumbran su camino. Otros ángeles a
su redor llevan libros, otros le dan ánimo y
dirigen sus pasos. Alrededor de él hay muchos
ángeles más grandes vestidos de prendas de
batalla. Rodean el grupo entero mientras se
mueve adelante. Afuera de este grupo hay
muchos, muchos ángeles cuyos mantos están negros
y sucios. Se ven se ven destrozados de la guerra
y sus rostros no brillan. Observo que estos
ángeles constantemente tratan de atacar al
pastor Batchelor. Nuevamente, el ángel se dirige
hacia mí y dice, “Dios tiene muchos obreros en
distintas partes y distintos niveles.” Le
pregunto, “¿Debo comunicarle al pastor Batchelor
lo que acabo de ver?” Me sonríe y dice, “Es
animador saber cómo el Padre lo cuida a uno. No
necesitas hacerlo. Estoy seguro que él lo sabrá.
Ambos caminan senderos paralelos y sus caminos
se cruzarán.” Me dirijo al ángel y le digo que
me siento abrumado con la gravedad de las cosas
que se me están mostrando.
Todavía asiendo de mi mano, regresamos al
pasillo. Mi ángel me sonríe y dice, “Ustedes que
forman ‘éstos son’ juntos constituyen Hliva.” Le
pregunto cómo se deletrea. Le digo que no
comprendo lo que me está tratando de decir a mí
o a nosotros. Le digo que no me siento apto para
la tarea que se me ha dado—que hay otros más
adecuados para esto. Sonriendo nuevamente el
ángel me explica, “Porque no comprendes, sabes.
Si fueras a saber, no comprenderías. Todo el
cielo conoce, como también toda la tierra, a
quiénes Dios ha escogido. El enemigo los odia a
ustedes que forman ‘éstos son’ y querrá
detenerlos, pero el Padre prevalecerá.
Miro a mi ángel y le pregunto acerca de las
huellas de los clavos en las manos de Jesús.
Nuevamente el ángel y yo atravesamos el pasillo.
Ahora me encuentro caminando junto a una
corriente hermosa. Estoy a punto de maravillarme
de la belleza de la escena, cuando volteo,
porque oigo que llaman mi nombre celestial. Veo
que Jesús se nos aproxima. Quiero correr hacia
Él, pero no puedo porque el ángel me tiene
fuertemente asido de la mano y no me suelta. Me
dice, “Estás bajo mi custodio.”
Los tres comenzamos a conversar mientras
caminamos a lo largo de la corriente. No siento
deseos de mirar la belleza que lo hay allí. Sólo
quiero mirar los ojos de Jesús. Lo observo y
escucho lo que dice. Nos acercamos a un árbol y
Él recoge un tipo de fruta. No me interesa
verla. Sólo me atrae el mirar sus ojos. Extiende
la fruta en la palma de su mano y yo la miro. Me
dice, “Si eres fiel, verás donde yo di todo por
ti.” Rápidamente miro a sus ojos. Me dice a mí y
a todos los que sacrifiquen todo por Él como Él
sacrificó todo por nosotros, “Si eres fiel, yo
tomaré del fruto de este árbol, y Yo mismo lo
pondré en tu boca.” Durante ese tiempo yo no
miro el árbol ni el área alrededor. Sólo miro
sus ojos. Oh, esos ojos. Se dirige a mi ángel y
le dice, “Gracias.” Mi ángel hace reverencia
inclinando la cabeza.
Ahora el ángel y yo regresamos al pasillo y me
encuentro de pie en la cima de una montaña muy
grande. Puedo ver a mucha distancia hacia el
norte, sur, este y oeste. Me dirijo a mi ángel y
él me dice, “Mira atentamente hacia el este.”
Veo un cielo azul sin nube alguna. Entonces noto
un objeto negro muy pequeño. Se aproxima a una
velocidad increíble. Lo observo por unos
segundos mientras la nube negra parece algo más
grande que una pelota. Mi ángel se voltea y
rápidamente nos encontramos en el pasillo. Me
mira y dice, “Esto lo verás pronto.”
Parados en el pasillo, el ángel me suelta la
mano derecha. Siento una separación que no puedo
ni deseo sentir. Me ha tenido de la mano y ha
estado conmigo a través de todo lo que he visto.
Da un paso hacia atrás y de repente me sobrecoge
un sentido de felicidad indescriptible. Mientras
observo el ángel, que hasta ahora ha tenido la
misma altura mía, crece a su estatura normal.
Observo mientras sus alas salen de su espalda y
se desdoblan, desdoblan, y vuelven a desdoblarse
y las estira. Noto que son curvas y me recuerdan
de un halcón. Miro hacia arriba y le pregunto,
“¿Son reales o simbólicas?” Sonríe y esos
hoyuelos suyos se notan aún más. Me contesta,
“Eres atrevido, ¿cierto?” Con una ondeada de
sus alas inmensas sube altísimo en un instante.
Me mira y dice, “Si permaneces fiel a tu
Salvador, ya lo sabrás.” Entonces me da la
sonrisa más grande de todas.
Al mirar hacia arriba, otro ángel aparece de
detrás de él a la izquierda, entonces otro
aparece a la derecha. Observo mientras muchos
ángeles aparecen uno detrás del otro. Todos
tienen un aspecto distinto. El lugar se llena de
muchos, muchos, pero muchos ángeles. Miro
mientras Jesús camina en medio de ellos y se me
acerca. Me dice, “A aquéllos que forman ‘éstos
son’, yo os tengo en la palma de mi mano y jamás
os soltaré. He pagado muy caro por vosotros y
sois míos. Velad, porque ¡ya voy!”
De repente, se torna muy, muy, pero muy
brillante detrás de los ángeles y Jesús. Sé que
si hay más resplandor no lo podré soportar.
Entonces oigo la voz más melodiosa que suena
como una catarata ensordecedora, como una
corriente montañés y como un pequeño chorro de
agua—todo a la vez.
La voz dice, “Cuando los veo, veo a mi Hijo.
Cuando veo a mi Hijo, los veo a ustedes. Porque
los que forman ‘éstos son’ constituyen mi
pueblo. Estoy muy complacido. Los acepto a
través de mi Hijo.”
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Sólo hay un lugar donde quiero estar
por Ernie Knoll
18 de agosto de 2007
Anoche no le mencioné a Becky que me sentía
desanimado a causa de algunas “flechas y dardos”
que he recibido y que necesitaba ánimo y
afirmación de parte de Dios respecto a mis
sueños. Toda la tarde y aun después de acostarme
había estado orando en silencio diciéndole a
Dios cómo me sentía. Le rogaba que de alguna
manera me afirmara de nuevo respecto a mis
sueños. Sé que Dios me dio este sueño no sólo
para mostrármelo a mí, sino a todo su pueblo.En
mi sueño, Becky y yo estamos en una iglesia
pequeña. Tiene un pasillo por el medio. Hay unas
pocas ventanas y el cielo raso no es muy alto.
Noto que los aparatos de alumbrado casi parecen
pequeños candelabros. La iglesia tiene muy pocas
bancas vacías. Sólo hay tres hombres en la
plataforma. Sé que dos son ancianos, y el que se
sienta en el medio es el pastor. El pastor es un
hombre de edad avanzada, no muy alto, pero con
siempre está sonriendo y lo rodea una atmósfera
de paz. En la pared detrás de los tres hombres
hay una pintura de Cristo cuando estaba de
rodillas en el Getsemaní.Uno de los ancianos se
pone de pie para presentar una música especial,
el hermano D y la hermana M. Los observo
mientras caminan hacia el piano. El hermano D
viste traje completamente blanco, con una camisa
blanca y corbata blanca. La hermana M lleva un
vestido a la antigua, largo, blanco, con mangas
largas.El hermano D habla a la congregación.
Comienza diciendo que a veces todos nos sentimos
como si estuviésemos caminando en la playa
solos. A veces todos nos sentimos como si
estuviésemos caminado solos por un sendero
rústico. A veces todos nos sentimos como si
estuviésemos solos, escalando una montaña a lo
largo de un sendero rocoso. La hermana M dice
que aunque luchamos en nuestros pensamientos y
nos desanimemos cuando nos lanzan palabras
crueles, cuando nos señalen con el dedo y digan
chismes acerca de nosotros…el hermano D dice que
todos tenemos un camino que andar, un sendero
rocoso que escalar. La hermana M dice que todos
podemos escuchar cuando dicen palabras airadas y
se difunden chismes dañinos. Entonces el hermano
D dice que sólo hay un lugar donde debemos
estar.
Ahora la hermana M invita a la congregación a
tomar el himnario que está en la banca y que
lean mientras todos nos esforzamos por estar
“Más cerca, oh Dios, de ti”. Cuando el hermano D
comienza a tocar el piano y la hermana M el
violín, una reverencia silenciosa se siente en
el santuario. Muchos toman el himnario y leen
mientras ellos tocan. Cuando comienzan la
segunda estrofa, muchos silenciosamente cierran
el himnario y lo devuelven a la banca. Entonces
se arrodillan en oración mientras la música
continúa. Muchos que luchan con su condición con
Dios lloran mientras oran.
MÁS CERCA, OH DIOS, DE TI
Más cerca, oh Dios, de ti quiero morar
Aunque sobre una cruz me hayan de alzar.
Entonaré allí este himno con fervor
Más cerca, oh Dios, de ti, más cerca, sí.
Si cual viajero voy con ansiedad,
Medroso al ver cerrar la oscuridad,
Aun en mi soñar me harás sentir que estoy
Más cerca, oh Dios, de ti, más cerca, sí.
Después, al despertar, a ti por fe
De mi aflicción altar elevaré;
Y cuanto sufro aquí me hará sentir que estoy
Más cerca, oh Dios, de ti, más cerca, sí.
Camino encuentro aquí que al cielo va,
Pues sé que allí tu amor me sostendrá.
Cercano sentiré el ángel del Señor,
Más cerca, oh Dios, de ti, más cerca, sí.
Y cuando a tu mansión me llevarás,
Y estrellas, luna y sol yo deje atrás,
Gozoso entonaré canción eterna allí:
Más cerca, oh Dios, de ti, más cerca, sí.
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Dos sendas
por Ernie Knoll
21 de agosto de 2007
[Aunque el motivo de este sueño es para la
circunstancia de un individuo en particular y es
una respuesta a oración, servirá de beneficio a
otros también. Todos tenemos que escoger entre
este mundo y el Señor, aunque se comprometa la
familia.]En mi sueño, tengo varios hijos. Veo
una balanza. Al lado izquierdo de la balanza
están mis hijos, y al lado izquierdo hay una
tablilla con sujetapapeles. Muchos ángeles
rodean a mis hijos, algunos con las manos sobre
los hombros de los niños. Muchos ángeles rodean
la tablilla con sujetapapeles, pero estos
ángeles son distintos. Algunos sujetan libros,
otros tienen alas ardientes, y otros cargan
espadas y escudos.Miro a mis hijos, a quienes
amo más que ninguna otra cosa, y luego a la
tablilla con sujetapapeles. Es transparente,
como vidrio claro sin nada encima. Sé que debo
escoger entre mis hijos y la tablilla con
sujetapapeles. Yo amo y deseo a mis hijos, pero
me doy cuenta que debo tener fe y escoger la
tablilla con sujetapapeles, seguro que mis hijos
van a estar a salvo.Por encima del armazón de la
balanza, veo un estandarte pequeño que tiene un
rótulo incrustado en oro. Dice, “Deuteronomio
30:19.” [“Hoy pongo al cielo y a la tierra por
testigos contra ti, de que te he dado a elegir
entre la vida y la muerte, entre la bendición y
la maldición. Elige, pues, la vida, para que
vivan tú y tus descendientes.”]
Levanto la tablilla con sujetapapeles. Ahora que
he elegido la tablilla con sujetapapeles, veo
una escritura centrada en la parte superior que
dice en letras mayúsculas de oro: “PARA SU
PUEBLO.” Hacia la izquierda aparece un renglón
de letras pequeñas plateadas que dice, “Josué
24:15.” [“Pero si a ustedes les parece mal
servir al Señor, elijan ustedes mismos a quiénes
van a servir: a los dioses que sirvieron sus
antepasados al otro lado del río Éufrates, o a
los dioses de los amorreos, en cuya tierra
ustedes ahora habitan. Por mi parte, mi familia
y yo serviremos al Señor.”] Cuando volteo la
tablilla s |